La percepción común sobre la contaminación oceánica se centra en bolsas de plástico, botellas y pajitas que, tras ser desechadas, terminan en el mar. Sin embargo, un reciente estudio revela que la Gran Mancha de Basura del Pacífico, un vasto vertedero marino, presenta una composición diferente. Investigadores de The Ocean Cleanup y la Universidad de Wageningen encontraron que más del 75% del plástico en esta área proviene de actividades pesqueras, incluyendo redes y aparatos de pesca que han sido descartados en alta mar.
La Gran Mancha de Basura del Pacífico no es una isla sólida de plástico, sino una amalgama de microplásticos y objetos más grandes, dispersos en el océano entre Norteamérica y Japón. Esta acumulación es posible gracias a cuatro corrientes oceánicas que empujan los residuos a zonas donde pueden quedarse atrapados por años. Objetos que provienen de la pesca tienen significativamente más probabilidades de ingresar a este giro subtropical que aquellos que son arrastrados desde ríos.
En una expedición de 2019, los científicos recolectaron más de 6,000 piezas de plástico de más de cinco centímetros, identificando el origen de 232 de ellas. Se descubrió que el 33.6% provenía de Japón y el 32.3% de China, países con activas industrias pesqueras. Este enfoque en residuos procedentes de la pesca destaca un problema distinto: los aparejos abandonados, conocidos como “ghost gear”, que continúan cazando fauna marina durante años.
A pesar de este enfoque en la pesca, los investigadores enfatizan que esto no significa que el plástico doméstico no sea una preocupación. Grandes volúmenes de desechos plásticos continúan ingresando a los océanos a través de ríos y otras vías. La Gran Mancha de Basura representa solo una parte del problema global de contaminación marina. Este hallazgo reorienta la conversación sobre la responsabilidad de la contaminación oceánica, enfatizando la necesidad de abordar los residuos generados por la actividad pesquera de manera urgente.
