Un reciente avance en el estudio de las experiencias cercanas a la muerte (ECM) ha mostrado que entre el 10 y el 20% de los pacientes críticos que sobreviven a un paro cardíaco reportan estas experiencias, abriendo un campo de investigación que combina la neurociencia y la filosofía. Sin embargo, esto no implica que la naturaleza de estas vivencias sea sobrenatural. Investigaciones lideradas por el equipo de Charlotte Martial proponen un modelo neurobiológico que explica estas experiencias como resultado de procesos en el cerebro sometido a condiciones de estrés extremo, desafiando así narrativas populares.
A lo largo de la investigación, se han identificado deficiencias metodológicas en estudios previos que intentan correlacionar la percepción con la actividad cerebral en falta de oxígeno. Aunque figuras respetadas, como el cardiólogo Valentín Fuster, han comentado sobre el tema, esto no implica una validación científica. La percepción de ver una apertura de luz o experimentar estados de paz se puede atribuir a estados alterados de conciencia.
Además, el debate sobre la aparente jerarquización del universo y su capacidad de albergar vida ha sido utilizado como argumento a favor de la existencia de fuerzas divinas, aunque esto suele ser considerado una falacia por expertos en el área. Estudios recientes han indicado que la compresión de los efectos y significados de las ECM en la vida de los individuos requiere una mayor integración teórica y rigor en la metodología de investigación.
Un análisis de 775 artículos sobre el tema concluyó que el campo se mantiene fragmentado, pero sí se ha documentado un impacto positivo en los sobrevivientes de ECM en términos de transformación psicológica y espiritual. En una comparación entre grupos, aquellos que han vivido una ECM mostraron cambios significativos en su vida posterior, aunque la correlación de tales cambios con un viaje del alma a otra dimensión no está respaldada por la ciencia actual.
