María Branyas Morera, quien falleció en 2024 a los 117 años, se destacó no solo como la persona más longeva del mundo, sino también por su rutina diaria de consumir yogur de la marca catalana La Fageda. Este sencillo hábito ha atraído la atención de investigadores y medios, quienes sugieren que podría haber tenido un papel en su notable salud y longevidad, lo que a su vez ha despertado el interés internacional en estos productos lácteos.
Un estudio reciente publicado en Cell Reports Medicine revela que Branyas no solo consumía un yogur al día, sino que en ocasiones llegaba a tres. La Fageda destaca por su compromiso social y sus procesos de producción, que aseguran la calidad y la preservación de las bacterias beneficiosas. Los investigadores hallaron que, a pesar de su edad, su microbioma intestinal mostraba un estado “casi juvenil”, con un nivel inusual de Bifidobacterium, microorganismos que ayudan a reducir la inflamación y mejorar la salud en general.
No obstante, el yogur no se puede considerar la única explicación para su longevidad. Branyas también contaba con una genética favorable que le confirió resistencia a diversas enfermedades, como la demencia y ciertos tipos de cáncer. A pesar de tener telómeros cortos, su biología le permitió mantenerse con un sistema inmune activo y un metabolismo óptimo.
Además de su dieta rica en ingredientes saludables, incluyendo batidos de cereales, Branyas evitó el tabaco y el alcohol, mantuvo un estilo de vida activo y disfrutó de interacciones sociales, incluso superando adversidades como dos guerras mundiales y la pandemia de COVID-19.
El equipo del investigador Manel Esteller del Instituto Josep Carreras considera que el caso de Branyas podría abrir nuevas vías de investigación en terapias que imiten los efectos de un microbioma saludable. Sin embargo, otros expertos como la genetista Immaculata De Vivo de Harvard advierten que es prematuro hacer conclusiones a partir de un único caso. La oncóloga Mary Armanios de Johns Hopkins también enfatiza que la longevidad está influenciada por factores complejos que incluyen desigualdades sociales.
La historia de María Branyas subraya que la vejez no necesariamente implica un deterioro de la salud, destacando la importancia de un equilibrio entre genética, hábitos saludables y una red social de apoyo, además del potencial efecto positivo del consumo de yogur.
