Irlanda se encuentra en el centro de un dilema energético vinculado al auge de los centros de datos, con un impacto significativo en la economía y el consumo de energía del país. La Oficina Estadística Irlandesa ha reportado que para 2025, estos centros consumen el 23% de la electricidad total en el país, un notable aumento desde el 5% en 2015. Este crecimiento es alarmante, ya que en el mismo período, el consumo eléctrico de viviendas fue del 28%, lo que indica que los centros de datos están muy cerca de igualar la demanda energética de los hogares.
Entre 2015 y 2023, el consumo anual de electricidad de estos centros pasó de 1,2 TWh a 6,3 TWh, aumentando a un ritmo de casi 1 TWh adicional por año. Mientras tanto, el incremento en el consumo energético de otros sectores ha sido mínimo, solo un 2% anual. Esto marca una tendencia preocupante, ya que el consumo de centros de datos está aumentando un 10% interanual. A pesar de los beneficios económicos generados —22.000 millones de euros añadidos al PIB y 17.000 empleos creados desde 2010—, las preocupaciones sobre la sostenibilidad y el carbono siguen siendo predominantes.
La dependencia de los centros de datos está forzando al gobierno irlandés a abordar el balance entre el crecimiento económico y el respeto a los objetivos medioambientales. Estudios recientes sugieren que entre un 2,5% y un 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país son atribuibles a estos centros. Además, la demanda energética de estos espacios supera la capacidad de generación de energía renovable.
Como resultado, Irlanda ha implementado políticas que exigen que los nuevos proyectos de centros de datos cubran al menos el 80% de su demanda con energía renovable generada localmente en un plazo de seis años. Sin embargo, este enfoque ha generado un debate sobre cuántos centros de datos son necesarios y cómo se integrarán de manera sostenible en el futuro energético del país.
Este escenario no es único de Irlanda. A nivel europeo, se observa una particular tensión entre la expansión de infraestructuras de inteligencia artificial y la planificación energética inadecuada. Ciudades como Frankfurt, Londres y Ámsterdam están experimentando un consumo eléctrico drástico por parte de sus centros de datos, lo que plantea preguntas sobre la capacidad de estas infraestructuras para coexistir con otras necesidades energéticas y medioambientales.
La experiencia irlandesa destaca la necesidad de una atención urgente a la sostenibilidad energética en el contexto del crecimiento acelerado de la digitalización y la inteligencia artificial, un desafío que se prevé enfrentará también el resto de Europa en años venideros.
