Dos emprendedores y amigos de origen asiático, John Tu y David Sun, han transformado su exitosa historia empresarial en un caso emblemático de la tecnología. Fundadores de Kingston Technology, han pasado de vender su compañía por 1.500 millones de dólares a comprarla de nuevo por 450 millones, construyendo ahora un imperio valorado en 150.000 millones. Su recorrido ejemplifica cómo los giros inesperados pueden influir en el sector tecnológico y, por extensión, en las vidas diarias de los usuarios de dispositivos electrónicos.
Tu y Sun, inmigrantes en California durante los años setenta, se conocieron en un partido de baloncesto en Los Ángeles. Ingenieros decididos a forjar su camino, su primera aventura empresarial fue Camintonn, especializada en componentes de memoria. Vendieron la compañía en 1986 a AST Research por seis millones, solo para ser golpeados por el desplome de Wall Street en octubre de 1987, lo que redujo su fortuna a casi nada.
En lugar de abandonar sus ideales, decidieron fundar Kingston Technology. Con una visión clara, optaron por comprar componentes a grandes fabricantes para convertirlos en productos accesibles, como módulos de memoria y pendrives. Su modelo de negocio, centrado en la calidad y la capacidad de respuesta del mercado, catapultó a la empresa, que en 1996 fue valorada en 1.800 millones de dólares tras la adquisición del 80% por SoftBank.
El trato benefició a ambas partes, ya que Tu y Sun continuaron en la gestión mientras obtenían significativas ganancias. Sin embargo, la situación cambió en 1999, cuando SoftBank, en busca de liquidez, quiso vender Kingston de nuevo. Lo notable fue que ofreció el 80% de la empresa por 450 millones, mucho menos que la compra original. Así, Tu y Sun recuperaron el control total de la empresa.
A partir de 1999, Kingston creció considerablemente, facturando alrededor de 14.400 millones de dólares anuales, y se posicionó entre las principales empresas privadas en EE.UU. Su historia es única en el panorama tecnológico: una empresa gigantesca que, a pesar de su éxito, sigue sin cotizar en bolsa y mantiene el control total en manos de sus fundadores, evidenciando una singular trayectoria de resiliencia y estrategia.
