En un llamado a sus comunidades en el extranjero, el presidente de China, Xi Jinping, ha instado a unos 60 millones de chinos en la diáspora a regresar y contribuir al desarrollo nacional. Este mensaje fue transmitido durante la reciente Conferencia Nacional sobre el Trabajo Relacionado con los Ciudadanos Chinos en Ultramar. La intención es fortalecer la nación mediante el aprovechamiento de sus conocimientos, capacidades y redes internacionales.
Históricamente, el gobierno chino ha buscado transformar la fuga de cerebros en una “ganancia de cerebros”. Desde los años 90, han implementado políticas para incentivar el regreso de profesionales y estudiantes que se formaron en el extranjero. Esto incluye la creación de parques científicos y zonas económicas que facilitan un entorno atractivo para quienes deciden regresar. La Oficina de Asuntos de los Chinos de Ultramar del Consejo de Estado coordina estos esfuerzos, brindando apoyo legal, cultural y económico.
Este retorno es crucial, especialmente en un contexto demográfico alarmante. China enfrenta un declive en su población, ya que la tasa de nacimientos ha alcanzado mínimos históricos. En 2025, la población de personas mayores de 60 años sumaba 323 millones, representando el 23% de la población total. Además, la fuerza laboral se ha reducido por primera vez en décadas, lo que agrava la necesidad de atraer de nuevo a quienes han estudiado en otros países.
La remigración también tiene un componente importante: muchos ciudadanos chinos están regresando a áreas rurales en busca de mejores oportunidades, en medio de altas tasas de desempleo juvenil y crisis inmobiliaria en las ciudades. Este doble enfoque de retorno, tanto de la diáspora como de los ciudadanos que se trasladan dentro del país, refleja un intento consciente por parte del gobierno de mitigar la desaceleración económica que China enfrenta actualmente.
El énfasis en atraer inversión, talento y consumo es vital para revitalizar la economía. Los antecedentes históricos muestran que el regreso de la diáspora ha funcionado como un impulsor de inversión y transferencia tecnológica en momentos anteriores. Esta estrategia busca, una vez más, activar a las comunidades en el exterior como catalizadores de capital y conocimiento, en un intento por fortalecer la economía nacional frente a desafíos estructurales y de crecimiento.
