A finales de 1982, Seymour Rubinstein, fundador de MicroPro y creador del popular procesador de textos WordStar, llegó a las oficinas de Microsoft para discutir el lanzamiento de Microsoft Word. Lo que comenzó como una reunión de negocios con Bill Gates se tornó inesperadamente en un asunto judicial, donde Rubinstein terminó ayudando a Gates a evitar perder su licencia de conducir debido a múltiples infracciones de tráfico.
Gates se enfrentaba a una vista en el juzgado de tráfico por excesos de velocidad, acumulando varias multas en su Porsche. Este episodio se relata en el libro “Hard Drive: Bill Gates and the Making of the Microsoft Empire”. Al reconocer su situación, Rubinstein aconsejó a Gates adoptar una postura más conciliadora ante el juez, sugiriendo que se disculpara y se comprometiera a dejar de usar su detector de radares, lo que podrían tomar como un intento de evadir la ley.
Siguiendo este consejo, Gates se disculpó en el tribunal y prometió deshacerse de su detector de radares, lo que le permitió salir con una simple multa en lugar de perder su licencia. Este irónico giro del destino se da entre dos empresarios que, a pesar de ser competidores, mostraron un entendimiento humano en una situación difícil.
Con su licencia a salvo, Gates abordó su problema de velocidad cambiando de auto por un Mercedes-Benz diésel, que consideraba una prueba de su disciplina personal. Sin embargo, esta estrategia fracasó y continuó acumulando multas, incluso con el vehículo más lento del mercado, lo que evidenció su difícil relación con la velocidad.
Finalmente, Gates regresó a su Porsche 911 Turbo, reintegrándose a sus hábitos previos. Este episodio no solo refleja la personalidad de Gates, sino también la dinámica entre competencia y camaradería en el mundo tecnológico de las décadas de 1980 y 1990.
