El pasado sábado, tres atunes rojos de aproximadamente 300 kilos cada uno fueron hallados varados en playas de Torrevieja, Alicante, y Pilar de la Horadada. Estos ejemplares fueron encontrados en diferentes ubicaciones, incluyendo la cala del Palangre y la playa de Los Locos. El hallazgo ha despertado la atención sobre las posibles causas, mientras que el Ayuntamiento y los servicios de emergencia han llevado a cabo la retirada de los cuerpos, que en su mayoría terminan siendo incinerados sin necropsia pública.
El patrón de aparición de estos atunes sugiere que provienen de las áreas de engorde en la costa murciana alrededor de San Pedro del Pinatar. Las corrientes marinas, junto con el viento de levante, facilitan el desplazamiento de los cuerpos hacia las playas de la Vega Baja. Ante la afluencia de bañistas, los cuerpos fueron retirados con premura para evitar situaciones incómodas.
El tamaño de los atunes se debe a su proceso de cría. Estos ejemplares son capturados vivos durante sus migraciones y luego alimentados en jaulas hasta alcanzar pesos significativos, utilizados principalmente en exportaciones hacia Japón. Mientras que la FAO indica que el peso de entrada habitual se sitúa entre 150 y 200 kilos, en la práctica, los atunes en el Mediterráneo pueden llegar a pesar hasta 600 kilos.
El atún rojo, conocido científicamente como Thunnus thynnus, destaca por su velocidad, alcanzando hasta 70 km/h, y su capacidad para regular su temperatura corporal. Sin embargo, esta especie es sensible al estrés, lo que puede resultar en altos índices de mortalidad durante el transporte. Las condiciones en las que son criados, como la falta de oxígeno y las enfermedades, agravan esta situación.
La aparición de atunes varados no es un fenómeno aislado. En 2019, una DANA provocó un incidente similar, liberando miles de atunes en la costa. Aquella situación llevó a la empresa responsable a invertir recursos significativos en mejorar sus instalaciones, pero desde entonces, organizaciones como el Pacto por el Mar Menor han reportado casos recurrentes de atunes muertos sin que se hayan esclarecido completamente las causas.
El manejo de estos atunes plantea preguntas sobre su aprovechamiento. Desde su muerte, la carga bacteriana comienza a liberar histamina, comprometiendo la seguridad alimentaria. Además, su dieta en granjas, que difiere notablemente de la de los atunes salvajes, afecta su calidad.
En términos comerciales, España capturó 7,938 toneladas de atún rojo en 2026, lo que representa un incremento del 17% respecto al año anterior. A pesar de las controversias, el sector sostiene que el atún en granja presenta beneficios nutricionales en comparación con el salvaje.
La preocupación por la salud del ecosistema marino es crítica, especialmente considerando la concentración de jaulas en regiones costeras turísticas. La cuestión que queda por resolver es cuántos atunes fallecen cada año en las instalaciones de engorde murcianas y las implicaciones de estos eventos para el medio ambiente y la industria.
