Las reservas de gas en Europa se encuentran en niveles críticos, ubicándose un 16% por debajo de la media histórica a solo unos meses del invierno, cuando la demanda generalmente aumenta. Según datos de Montel News, a finales de julio las reservas estaban al 5% de su capacidad total, y aunque han aumentado al 61% a finales de agosto, esto sigue siendo inferior a los niveles de años anteriores, donde en 2022 y 2023 alcanzaron el 76% y el 90%, respectivamente.
La Unión Europea enfrenta dos momentos clave en su ciclo de almacenamiento: a finales de marzo, tras el invierno, y el 1 de octubre, cuando comienza la extracción de gas en muchos países. En este contexto, Alemania, Italia, Francia, Países Bajos y Austria concentran aproximadamente dos tercios de la capacidad total de almacenamiento. Para enfrentar la crisis energética de 2022, la UE estableció normas que exigen a los Estados miembros mantener sus reservas al 90% gracias a inyecciones de gas.
Sin embargo, el ritmo de inyección actual es preocupante, creciendo solo 0,27 puntos porcentuales por día. Si esta tendencia persiste, se estima que el 1 de octubre las reservas alcanzarán solo el 73%, lo que indica la necesidad urgente de inyecciones de gas en un momento de precios de mercado elevados.
Los precios del gas han aumentado notablemente en las últimas semanas, alcanzando un nuevo máximo de 63,65 €/MWh en contratos a plazo en la Bolsa de Energía Intercontinental (ICE). Esta situación ha reducido el incentivo económico para comprar gas, ya que los costos de transporte y almacenamiento podrían no ser compensados por la diferencia de precios entre el presente y el futuro.
Entre los factores que agravan esta crisis se encuentran la pérdida del suministro ruso y las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, que han afectado el tráfico marítimo de gas. Estados Unidos se ha convertido en un actor clave en el mercado global de GNL, y se espera que la dependencia de Europa del gas estadounidense alcance hasta dos tercios de las importaciones. Sin embargo, gran parte de las exportaciones estadounidenses se dirigen a Asia, donde los precios son más atractivos que en Europa, lo que acentúa la competencia entre ambos continentes.
Se anticipa que la situación continuará repercutiendo en los precios del gas en los próximos meses, complicando aún más la capacidad de Europa para satisfacer su demanda energética.
