El aumento en el uso de prendas de protección solar se ha vuelto evidente en las playas y calles de España, donde cada vez más personas optan por cubrirse con manga larga, sombreros y paraguas bajo el intenso sol. Este cambio en el comportamiento podría reflejar una mayor conciencia sobre la protección solar, a medida que se buscan alternativas a las cremas solares tradicionales. La dermatóloga Rosa Taberner, del Hospital Son Llàtzer y autora del blog DermaPixel, explica que elegir entre crema o ropa protectora es una decisión personal y que, aunque las cremas son eficaces, su efectividad depende de una aplicación correcta y frecuente.
Taberner destaca que, para lograr una buena protección, se debe aplicar una cantidad suficiente de crema solar, estimada en unos dos miligramos por centímetro cuadrado de piel, lo que equivale a un vaso de chupito para todo el cuerpo. Sin embargo, muchos usuarios suelen aplicar menos cantidad y no reaplican con la frecuencia necesaria, incluso recomendando hacerlo cada dos horas o tras cada baño. En este contexto, las prendas de protección solar emergen como una alternativa práctica y efectiva, pues no requieren reaplicación y ofrecen protección constante.
La dermatóloga subraya que la ropa que anuncia protección UPF 50 respeta normativas europeas y su eficacia está verificada, diferente a la medición del FPS en cremas. Sin embargo, no toda ropa ofrece la misma protección, y se deben considerar factores como el tipo de tejido. Asimismo, aunque el uso de sombrillas y paraguas proporciona una protección física adicional, Taberner advierte que, al estar expuestos, es necesario complementar este recurso con la aplicación de crema, ya que la luz solar rebota en diversas superficies, como la arena.
Culturalmente, el uso de ropa de manga larga y sombrillas en verano ha sido más aceptado en países asiáticos, donde estas prácticas están arraigadas en su estándar de belleza y nociones sobre el daño solar. A diferencia de España, donde la moda del bronceado se popularizó en el siglo XX, en otras culturas se asocia una piel clara con estatus social. Taberner enfatiza que, a pesar de la percepción del bronceado como un signo de salud o belleza, este es una respuesta a daños en la piel.
El envejecimiento cutáneo es uno de los efectos acumulativos del sol, y aunque el riesgo de cáncer de piel es una preocupación importante, no todos los casos resultan fatales. Del mismo modo, la búsqueda de vitamina D mediante la exposición solar puede estar malinterpretada, ya que, según Taberner, tras los primeros 15 a 20 minutos de sol, la producción de vitamina D no aumenta, lo que significa que una exposición prolongada solo suma riesgo y daño.
