Este verano, el norte de España enfrenta un impacto devastador en la agricultura debido a olas de calor extremas, poniendo en riesgo la producción alimentaria. Según reportes de medios locales como El Diario Vasco, los agricultores en Euskadi están sufriendo pérdidas significativas, con cosechas de maíz disminuyendo hasta un 90%, la producción de manzanas de sidra reducida a la mitad y una disminución del 80 al 85% en la producción de kiwis. Las huertas de Gipuzkoa presentan una situación crítica, con lechugas quemadas y vainas que no brotan.
Este impacto no solo afecta la agricultura. La ganadería también está en crisis, ya que se ha registrado una disminución de entre 5 y 7 litros en la producción diaria de leche de las vacas lecheras, como consecuencia del estrés térmico. Las condiciones climáticas de 2026 han sido alarmantes, con la segunda primavera más cálida desde 1961 y precipitaciones por debajo del 75% de lo habitual.
El mes de junio reveló ser el segundo más cálido y el tercero más seco en 65 años, con una temperatura media de 23,3 °C y solo un 39% de las lluvias esperadas. Estas cifras han generado preocupaciones sobre el impacto en los cultivos y las reservas de agua, un escenario que se ha materializado a través de informes de la Comisión Permanente para Adversidades Climáticas del Ministerio de Agricultura, que prevé pérdidas superiores al 30% en cereales y un 40% en Castilla y León.
La Comunidad Valenciana también enfrenta problemas, ya que temperaturas que alcanzan los 40 ºC están provocando la caída de frutos y un aumento de plagas en cítricos y viñas. A nivel fisiológico, estudios demuestran que la alta temperatura afecta la viabilidad del polen de las plantas, afectando la polinización y, por ende, la producción de frutos.
El panorama se torna preocupante para agricultores y ganaderos, dejando entrever un futuro incierto en la producción alimentaria de la región.
