Entre el 21 y el 23 de octubre de 2023, una borrasca que se desplazaba desde el norte de las Azores hacia la costa noroeste de la Península Ibérica generó expectación al ser incluida en el boletín de vigilancia del Centro Nacional de Huracanes (NHC). Aunque el riesgo de que esta depresión se convirtiera en un huracán era bajo, alrededor del 20%, su potencial de adquirir características tropicales alertó a medios de comunicación.
A pesar de las especulaciones, se confirmó que no se trataba de un huracán, aunque la borrasca sí presentaba rasgos subtropicales. Expertos de MeteoBadajoz indicaron que, aunque contaba con un centro simétrico y despejado, carecía de la organización necesaria para clasificarla como un sistema tropical completo. Esto se debe a que, en una borrasca extratropical, el aire cálido puede quedar aislado en el centro del sistema, y su evolución depende de si los flujos de calor del océano son suficientes.
El fenómeno reciente se enmarca en un contexto más amplio de cambio climático. Datos de Copernicus revelan que las temperaturas del Atlántico adyacente a la Península están cinco grados por encima de lo normal, lo cual podría contribuir a una mayor frecuencia de perturbaciones tropicales en la región. Investigaciones han señalado una “tropicalización progresiva” del Atlántico, lo que representa un riesgo creciente para más de 20 millones de personas en la zona para finales de este siglo.
Actualmente, los meteorólogos están analizando el mecanismo detrás de este fenómeno, aunque AEMET ha señalado que la borrasca disminuirá en peligrosidad. Se prevén chubascos y tormentas fuertes en el oeste y nordeste peninsular, así como ráfagas de viento intensas en el norte y oeste del país.
