En la década de 1950, la energía atómica prometía revolucionar la industria, desplazando fuentes tradicionales como el carbón y el petróleo. Aunque hoy la energía nuclear aporta electricidad y se utiliza en submarinos y portaaviones, en su momento se exploraron ideas audaces, como vehículos propulsados por reactores nucleares. Estos proyectos, aunque visionarios, nunca lograron pasar de la fase de prototipo debido a los desafíos técnicos y las preocupaciones sobre seguridad.
La energía nuclear funciona al dividir núcleos de átomos pesados como el uranio o el plutonio, liberando energía en forma de calor y radiación. En 1958, Ford presentó el Nucleon, un concepto de automóvil que incorporaba un reactor nuclear en su diseño. Su objetivo era utilizar vapor generado por el reactor para mover turbinas, mientras que la cabina estaba ubicada estratégicamente para proteger a los ocupantes del núcleo. Sin embargo, el proyecto no avanzó, ya que no se logró desarrollar un reactor lo suficientemente pequeño o seguro.
Otro intento más avanzado fue el programa de propulsión nuclear de aviones de la Fuerza Aérea estadounidense. Este plan contemplaba la instalación de un reactor en bombarderos, lo que permitiría vuelos prolongados. Sin embargo, los desafíos eran significativos, incluyendo la necesidad de proteger a la tripulación de la radiación. Se exploraron dos enfoques para convertir el calor del reactor en empuje, aunque ambos presentaban complicaciones.
Entre 1955 y 1957, el bombardero NB-36H, modificado por Convair, realizó vuelos para evaluar la efectividad del blindaje. Aunque completó 47 vuelos, el reactor nunca impulsó el avión, ya que su objetivo era probar la seguridad del diseño. El programa fue cancelado en 1961 al considerarse obsoleto debido a la aparición de misiles balísticos.
A pesar de estos fracasos, la idea de la propulsión nuclear regresó con el Burevestnik, un misil de crucero ruso probado en 2025, que integra un pequeño reactor nuclear. Aunque el alcance del misil fue reportado en 14,000 kilómetros, la verificación independiente de este dato aún está en espera.
El Proyecto Orión representó uno de los conceptos más audaces, buscando desarrollar una nave espacial propulsada por explosiones atómicas. Iniciado en 1958, su diseño involucra la explosión de bombas debajo de la nave para generar impulso. Aunque logró realizar pruebas con un modelo más pequeño, la propuesta se vio obstaculizada por restricciones posteriores y preocupaciones sobre la contaminación.
A pesar de haber fracasado en sus intentos iniciales, la propulsión nuclear aún se contempla, aunque de manera más limitada. La NASA planea instalar un reactor de fisión en la Luna para 2030, orientado a proveer energía, no a propulsar vehículos espaciales. Mientras tanto, los vehículos impulsados por energía nuclear han sido relegados a los anales de la historia, con la industria espacial centrada en tecnologías más seguras y confiables.
