A finales de febrero, el cierre del Estrecho de Ormuz puso en jaque la seguridad energética global al interrumpir el paso del 20% del petróleo mundial. Esta interrupción, en teoría, podría haber causado una crisis industrial y recesión, pero más de cien días después, el impacto ha sido menos severo de lo esperado. A pesar de predicciones alarmantes, el barril de crudo se ha mantenido por debajo de los 100 dólares, lo que ha llevado a cuestionar cómo se ha logrado gestionar esta crisis y cuál es el panorama futuro.
La resiliencia de los mercados se debe a varios factores interrelacionados. La producción de la OPEP ha caído a niveles históricos, pero países como Estados Unidos han aumentado sus exportaciones de petróleo, superando a Rusia y Arabia Saudí con un promedio de 10,5 millones de barriles diarios en mayo. Además, mientras China ha reducido drásticamente sus importaciones, manteniendo una demanda baja, los productores del Golfo han utilizado oleoductos alternativos para mitigar el impacto del bloqueo en Ormuz.
A pesar de esta aparente estabilidad, la situación es delicada. Aunque en las estaciones de servicio no se observan largas colas, los hogares en Europa ya enfrentan el golpe económico a través de un aumento en la inflación, que alcanzó el 3,2% en mayo. Este aumento es consecuencia del encarecimiento sostenido de los combustibles, lo que ha obligado al Banco Central Europeo a incrementar los tipos de interés.
En España, se avizora un reto adicional. Según la consultora Tempos Energía, la demanda de gas natural licuado podría elevarse si las temperaturas en Asia aumentan, lo que podría llevar a un incremento del precio de la luz en julio y agosto, perjudicando a los consumidores locales. Las proyecciones sugieren que la factura eléctrica podría elevarse entre un 40% y duplicarse en comparación con 2019 si China reingresa al mercado de compras.
La tregua energética, lograda mediante el uso de reservas estratégicas y una rápida adaptación del mercado, no está garantizada a largo plazo. Si las tensiones continúan y la demanda veraniega aumenta, las económicas podrían enfrentar nuevos desafíos que traduzcan la estabilidad actual en un aumento de costos significativo.
