Las recientes acusaciones en Taiwán han revelado un posible esquema de exportación ilegal de servidores de inteligencia artificial de alta gama, involucrando a importantes actores de la industria como NVIDIA y Super Micro. La Fiscalía del Distrito de Keelung ha acusado a nueve personas, entre ellas un empleado de NVIDIA Taiwan y dos de Super Micro Taiwan, por el supuesto intento de eludir controles de exportación, lo que podría tener implicaciones serias en la seguridad tecnológica y las relaciones comerciales entre países.
Este caso centra su atención en un pedido de 130 servidores de Super Micro equipados con la tecnología B300 de NVIDIA. Aunque la documentación indicaba que estos equipos serían instalados en un centro de datos en Taiwán, las investigaciones sugieren que varios acusados sabían que el lugar carecía de la infraestructura necesaria para su operación. A pesar de ello, Super Micro procesó el pedido en varias fases, confirmando la transacción.
Según los fiscales, 74 de esos servidores habrían terminado en manos de clientes en China. Algunos fueron enviados directamente, mientras otros pasaron por rutas menos directas, como Indonesia y Japón, antes de llegar a su destino final en China. Una porción de estos servidores no pudo ser exportada debido a irregularidades aduaneras, quedando atrapados en Taiwán.
El B300, parte de la generación Blackwell Ultra de NVIDIA, está sujeto a estrictos controles de exportación, especialmente hacia China, donde se ha creado una alta demanda. Esta situación ha llevado a un auge en el mercado negro para estos dispositivos, generando incentivos financieros significativos; los servidores B300 en China pueden alcanzar precios exorbitantes, casi el doble que en Estados Unidos, lo que explica el interés en eludir las restricciones.
NVIDIA, como compañía fabless, depende de socios como TSMC para la fabricación de sus chips, y el proceso para que estos productos lleguen al consumidor final implica múltiples capas de distribución. Por ello, las regulaciones no solo aplican a la venta inicial, sino también a las etapas posteriores, lo que plantea retos en el seguimiento del destino final de las tecnologías avanzadas. Este caso pone de relieve la complejidad de la cadena de suministro en la industria tecnológica y la necesidad de controlar de cerca el uso y la distribución de componentes estratégicos.
