La película “Her”, dirigida por Spike Jonze en 2013, anticipó un futuro donde la inteligencia artificial sería una compañía cotidiana, especialmente a través de dispositivos móviles. En 2026, esta visión se ha materializado con chatbots que permiten a los usuarios interactuar, obtener consejos y asistencia en diversas actividades. Sin embargo, esta relación ha suscitado preocupaciones sobre la salud emocional y la dependencia tecnológica, particularmente en países como China, donde el uso de chatbots de compañía ha crecido notablemente.
En el gigante asiático, empresas como ByteDance, Alibaba y Tencent han lanzado asistentes de IA capaces de interactuar de manera cercana. Esto ha generado preocupaciones acerca de la dependencia emocional que algunos usuarios han desarrollado. El gobierno chino ha intervenido recientemente, emitiendo regulaciones que limitan la funcionalidad de estos chatbots para prevenir efectos nocivos en la salud mental de los usuarios. En particular, estas regulaciones buscan frenan la generación de vínculos emocionales que puedan perjudicar las relaciones humanas reales.
La Administración del Ciberespacio de China, junto a otras agencias gubernamentales, presentó un borrador el pasado abril para controlar los servicios de IA antropomórfica, que comenzará a regir el 15 de julio de este año. Entre los principales objetivos de esta regulación están el diseño seguro de los modelos de IA, la protección de datos y la prevención de comportamientos autolesivos fomentados por estas aplicaciones. No se prohibirá el uso general de IA conversacional, sino que se enfocará en aquellas que fomentan la dependencia emocional.
A medida que se implementan estas regulaciones, varias aplicaciones, como Doubao de ByteDance y Qwen de Alibaba, han desactivado funciones de acompañamiento. Usuarios que anteriormente dedicaban horas al día a estas interacciones ahora deben adaptarse a nuevas realidades, ya que los datos de sus interacciones se gestionan de manera diferente y se instaura un “modo menor” para limitar el acceso de los usuarios más jóvenes.
Finalmente, aunque la acción del gobierno pueda parecer drástica, ha puesto de manifiesto una creciente preocupación por el impacto de la IA en la salud emocional y social de los usuarios. Aunque algunos pueden lamentar la pérdida de estas conexiones virtuales, queda claro que la regulación refleja un intento de abordar problemas más profundos como la soledad y la desigualdad.
