El movimiento “Blocus”, que utiliza redes sociales para movilizar a jóvenes, ha crecido rápidamente, llevando a las primeras detenciones, como la de un joven de 17 años en Valencia, presunto creador del canal “Blocus VLC”, acusado de instigar saqueos programados para el 31 de octubre. Este fenómeno ha desencadenado disturbios en Barcelona, lo que plantea serias preguntas sobre la seguridad y el uso de plataformas digitales.
El 24 de octubre, alrededor de 600 jóvenes se concentraron en la plaza de Cataluña de Barcelona. La violencia comenzó a incrementarse alrededor de las 18:30, resultando en 23 comercios dañados, 15 agentes de policía heridos y más de 130 detenidos, incluyendo 89 menores, según la Fiscalía. Sorprendentemente, solo dos de los detenidos contaban con antecedentes por desórdenes públicos.
El movimiento surgió en TikTok, donde cuentas anónimas bajo la etiqueta Blocus empezaron a replicar métodos de protestas de institutos franceses, pero con una motivación diferente centrada en la calidad educativa. A través de códigos QR, los jóvenes eran dirigidos a grupos en Telegram y WhatsApp, donde se hacían llamadas a la acción con detalles específicos sobre atuendos y materiales.
Un informe de la empresa Golden Owl analizó más de 10,000 elementos en diversas plataformas, revelando que Blocus ya opera en 18 localidades. Un perfil convocó manifestaciones fallidas el 8 de octubre, mientras que un nuevo llamado generó el encuentro del 24 en solo un día. La actividad en Telegram se intensificó rápidamente, reflejando la capacidad del movimiento para organizarse de forma eficaz.
La Comisaría General de Información de los Mossos d’Esquadra solicitó al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) el cierre de un canal en Telegram, marcando la primera vez en que se utiliza esta vía para detener la propagación de contenido relacionado con Blocus. Aunque Telegram cerró varios canales, los organizadores reaccionaron creando nuevas cuentas que rápidamente alcanzaron miles de miembros.
El marco legal permite a cada país de la UE ordenar el retiro de contenido terrorista en un plazo de una hora, algo que España utilizó por primera vez en abril de 2023. Actualmente, no se ha clasificado a Blocus como terrorismo, aunque las autoridades lo ven como un movimiento que incita a delinquir.
Sobre el futuro, se anticipan nuevas convocatorias en Madrid y otras ciudades para el 31 de octubre, aunque la cuenta de Blocus en la capital se desconvocó por presión policial. Las autoridades están en alerta ante la posibilidad de más disturbios, teniendo en cuenta la afluencia de jóvenes en redes sociales que facilitan una organización rápida y anónima.
El fenómeno de Blocus ilustra cómo el uso de tecnologías digitales puede convertirse en un vehículo para la movilización juvenil, resaltando la necesidad de un enfoque equilibrado en la regulación de plataformas y la seguridad pública. Las redes que propagan estos movimientos son efímeras y difíciles de rastrear, lo que dificulta la intervención efectiva de las fuerzas del orden.
