A las 8:53 de la mañana del 28 de octubre, el AVE 2080 colisionó con el Iryo 6076 en Urda, Toledo, durante su trayecto en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Este incidente fue calificado por el ministro de Transportes, Óscar Puente, como “inexplicable”, centrándose en el operario de Adif que permitió la continuación del trayecto a pesar de la caída del sistema de seguridad LZB, lo que habría requerido un procedimiento alternativo.
Sin embargo, los empleados del sector señalan que existen razones mucho más comprensibles para el error. Según Raquel Ayllón, portavoz del Sindicato de Circulación Ferroviario (SCF), las condiciones laborales en el Centro de Regulación de Circulación (CRC) de Atocha, desde donde se dio la orden incorrecta, son “inhumanas”. Ayllón destaca que la carga de trabajo en este centro, responsable de segmentar las operaciones de trenes en la línea, ha aumentado pero el personal se ha mantenido igual.
En total, hay 16 CRC que gestionan las líneas convencionales y de media distancia del país y cuatro que se ocupan de la alta velocidad. Estos centros son clave para supervisar la infraestructura y asegurar una correcta gestión del tráfico ferroviario. Ayllón resalta que esta distribución del trabajo carece de equilibrio, con salarios que no compensan la presión a la que están expuestos los trabajadores, especialmente en Madrid, donde la línea más transitada del país tiene solo un responsable de circulación.
La línea de alta velocidad Madrid-Sevilla ha visto duplicar su volumen de tráfico en los últimos tres años, pasando de 2,8 millones de pasajeros en 2022 a cerca de seis millones en 2025, mientras que el número de responsables de circulación ha permanecido en uno para tramos de alta demanda. Esta desproporción genera una presión considerable, ya que un único responsable debe gestionar un flujo intenso de trenes, lo que se traduce en situaciones de alto estrés.
El sindicato ha mostrado preocupación por la insuficiencia de personal para manejar la carga de trabajo, señalando que han solicitado a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) medidas para asegurar que la carga de trabajo no comprometa la seguridad ferroviaria. En cartas enviadas tanto en 2021 como en 2025, no recibieron respuesta, aumentando las inquietudes sobre la salud y la efectividad del personal.
Ayllón menciona que, en ocasiones, los trabajadores han estado tan ocupados que no han podido ni levantarse para ir al baño. Esta falta de descanso ha llevado a situaciones críticas donde solo un regulador supervisa varias líneas simultáneamente, intensificando el nivel de estrés y el riesgo de error.
Además, el recambio de personal en el CRC ha planteado dudas sobre la experiencia de los nuevos empleados, quienes ahora ingresan al puesto con menos formación práctica, fundamental en un ámbito tan crítico como el de la alta velocidad. Se demandan mejoras en la formación continua para adaptarse a la rápida evolución de los protocolos en el sector ferroviario, sugiriendo una jornada de trabajo que combine adecuadamente horas de operación con tiempo dedicado a la capacitación.
Este panorama revela no solo un contexto preocupante para la seguridad ferroviaria, sino que también recalca la necesidad de un enfoque más humano en la gestión de recursos y en el bienestar de los trabajadores en el sector del transporte ferroviario en España.
