Recientes incendios forestales en el centro de España y el suroeste de Francia han sido identificados como resultado directo de la crisis climática, según un informe del consorcio World Weather Attribution (WWA). Este análisis muestra que el calentamiento global ha intensificado la actual temporada de incendios, afectando tanto la vida diaria de los ciudadanos como la gestión del medio ambiente.
Para determinar el impacto del clima en estos incendios, los investigadores utilizaron el Índice de Gravedad Diaria (DSR), que combina factores como temperatura, sequedad del suelo y velocidad del viento. Este índice refleja cuán difícil es controlar un fuego una vez que empieza, y se aplicó a la reciente oleada de incendios.
Durante el estudio, los científicos compararon el clima actual, aproximadamente 1,4 ºC más cálido que en la era preindustrial, con simulaciones de un clima sin emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Los resultados indican que las condiciones extremas que propiciaron los megaincendios de julio son al menos 20 veces más probables en el centro de España y al menos el doble en el suroeste de Francia, debido al cambio climático.
Asimismo, se prevé que eventos meteorológicos de tal magnitud ocurran cada seis años en el centro de España y cada 20 años en la región francesa. Un fenómeno crítico para comprender esta crisis es el denominado ‘latigazo meteorológico’, un proceso que se desarrolla con condiciones inusuales durante un año. Esto implica inviernos anormalmente húmedos que favorecen el crecimiento de vegetación, seguidos de primaveras y veranos extremadamente cálidos y secos que agotan la humedad del terreno.
Como resultado, se ha acumulado una gran cantidad de biomasa seca, altamente inflamable. En este contexto, el informe del WWA destaca que la intensidad de las condiciones de incendio ha aumentado entre un 42 % y un 46 % en comparación con un planeta sin calentamiento global.
Las conclusiones del WWA han sido validadas por la comunidad científica y medios de comunicación reconocidos. Expertos del CSIC y el INIA han señalado que la ciencia de atribución es cautelosa al establecer causalidades. La afirmación de que el riesgo ha aumentado “como mínimo” por 20 en España está respaldada por datos confiables.
Este análisis se alinea con hallazgos anteriores sobre las condiciones climáticas en la Península Ibérica, donde el aumento de calor, sequedad y viento ya no son eventos aislados, sino una nueva normalidad. La necesidad de implementar una gestión forestal adaptativa que prevenga la acumulación de combustible, junto con la reducción de emisiones, se vuelve esencial para enfrentarse a este nuevo desafío climático.
