En 1864, se botó el Ictíneo II, un submarino pionero diseñado por Narcís Monturiol que incorporaba un motor de combustión, un avance no alcanzado por la Armada alemana hasta las décadas de 1940. Sin embargo, la falta de apoyo financiero y el escaso reconocimiento de su invención llevaron a la venta de sus piezas a chatarra, y el submarino fue embargado, marcando el destino de una innovación que prefiguraba el futuro de la navegación submarina.
La figura de Monturiol, nacido en Figueres (Girona), resuena hoy. Una réplica del Ictíneo II estuvo expuesta en el puerto de Barcelona hasta 2010, cuando fue retirada para su restauración. Este submarino, que alcanzaba profundidades de hasta 30 metros, se considera el primer submarino “verdadero”, impulsado por motores a vapor en contraposición a otros modelos contemporáneos que dependían de la propulsión humana.
El Ictíneo II no fue el primer intento de Monturiol; su primera nave experimental se construyó en 1858, con una hélice accionada manualmente. Tras más de 50 inmersiones, el proyecto fue abandonado tras un accidente. Monturiol solicitó apoyo popular para financiar su segundo submarino, dando inicio a su construcción en 1862, lo que culminó en la creación de la sociedad La Navegación Submarina dos años después.
A pesar del entusiasmo popular y la presión mediática que llevó a promesas de ayuda del gobierno de Isabel II, esta nunca se concretó. Monturiol dedicó parte de su tiempo a un tratado sobre submarinos de guerra, aunque centrado en la exploración y el rescate. Realizó más de 20 inmersiones exitosas en tres años, incluyendo pruebas de un cañón giratorio, pero sus esfuerzos fueron poco reconocidos por la Armada Española, lo que llevó al ocaso de su innovador proyecto.
En 1885, Monturiol falleció en la pobreza, con su obra reconocida solo años después, cuando se publicó su ensayo sobre el arte de navegar bajo el agua. Su lápida menciona su legado, pero subraya la necesidad de mayor reconocimiento a los pioneros en tecnología.
El Ictíneo II era un submarino funcional que alcanzaba una velocidad limitada y utilizaba por primera vez un motor de combustión, a diferencia de modelos previos. Con una longitud de 17 metros y un diseño que permitía albergar a 20 tripulantes, la primera inmersión se realizó en 1865, alcanzando 27,5 metros de profundidad.
Este submarino, aunque diseñado para profundidades teóricas de hasta 500 metros, podía permanecer sumergido hasta ocho horas. Su construcción en madera de olivo con refuerzos en roble y una capa de cobre le otorgaban resistencia a la presión. Sin embargo, la necesidad de una tripulación amplia y la insatisfacción de Monturiol con la velocidad del submarino llevaron a la posterior incorporación de un motor a vapor, un avance que lo convirtió en un diseño revolucionario para su época.
Monturiol se asoció con el ingeniero Josep Pascual Deop para desarrollar un motor innovador que utilizaba una mezcla de químicos para generar energía, aunque la producción de oxígeno resultaba insuficiente para toda la tripulación, limitando su autonomía.
Además, Monturiol ideó un sistema de cañón a bordo, pero su ineficacia y los daños estructurales que causaba fallaron en captar el interés militar. Pese a todo, su innovación con el motor a vapor marcó un hito en la ingeniería submarina.
El legado de Monturiol perdura en Barcelona. En 2013, la empresa Ictineu Submarins lanzó el Ictineu 3, un submarino tripulado capaz de llegar a 1.200 metros de profundidad, financiado en parte por donaciones, similar al apoyo recibido por Monturiol para el Ictíneo II. Recientemente, el Museo Marítimo de Barcelona desmontó la réplica del Ictíneo I, con planes de construir una nueva en el futuro.
