El cambio climático está acelerando la desertificación en España, afectando significativamente los caudales de los ríos y transformando los Pirineos hacia un clima más mediterráneo. Esto incluye la inminente desaparición del glaciar del Aneto, el más grande de la península Ibérica. Fotografías comparativas de 2015 y 2026 muestran un retroceso dramático, donde el área de hielo ha sido reemplazada por roca desnuda y hielo contaminado.
El grupo CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) ha medido este retroceso utilizando tecnología avanzada como drones y láser. En su informe tras la campaña de septiembre de 2025, se reveló que el glaciar principal se fragmentó y que dos masas de hielo han quedado desconectadas. Además, los datos preliminares de 2026 indican una pérdida de más de dos metros de espesor, quedando el glaciar con un grosor medio de aproximadamente 12 metros. A lo largo de las últimas dos décadas, el Aneto ha perdido cerca de un metro de espesor por año, pero en 2022 y 2023, esa cifra se disparó a más de tres metros anuales.
A pesar de su reducido tamaño de 30 hectáreas (0,3 kilómetros cuadrados), el Aneto es crucial, ya que actúa como un termómetro para la salud del ecosistema de los Pirineos. Un estudio del IPE-CSIC revela que los glaciares de esta cordillera han disminuido de más de 100 en 1850 a solo 18 en 2022, representando una pérdida del 92% de su superficie desde finales de la Pequeña Edad de Hielo. Investigaciones científicas advierten que el Pirineo podría perder su hielo completamente hacia 2034 si las condiciones climáticas extremas se repiten.
La desaparición de estos glaciares no solo impacta el paisaje; también afecta la erosión, el transporte de nutrientes y los ecosistemas de montaña. La falta de hielo contribuye a la inestabilidad del terreno, aumentando el riesgo de desprendimientos de rocas.
Desde 1981 hasta 2022, el glaciar ha encogido un 64,7% y su espesor promedio ha disminuido en 30,5 metros. Los estudios globales proyectan que la extinción de glaciares alcanzará su punto máximo entre 2041 y 2055, aunque la situación en los Pirineos es más crítica y se espera que ocurra antes.
Entre 2011 y 2020, el Aneto perdió un 24,3% de su área y un promedio de 8,5 metros de espesor, con algunas zonas experimentando descensos de hasta 21 metros. Un indicativo alarmante es que el hielo está prácticamente inmóvil, un signo de estrés crítico para un glaciar. Su capacidad de acumulación está comprometida, ya que la nieve estacional que retiene el frío se derrite anticipadamente, exponiendo un hielo oscuro que absorbe más calor y se derrite más rápidamente.
