Los archipiélagos como las Galápagos enfrentan importantes desafíos ecológicos, especialmente tras la introducción de especies invasoras. En este contexto, un innovador enfoque permitió erradicar más de 140.000 cabras, que habían sido liberadas por marineros en los siglos XVIII y XIX, y que destruyeron el ecosistema local. Entre 1997 y 2006, el proyecto Isabela, impulsado por el Parque Nacional Galápagos y la Fundación Charles Darwin, aplicó técnicas de caza aérea y utilizó cabras “Judas” y “Mata Hari” para guiar a los cazadores hacia los rebaños.
Las cabras “Judas” eran animales esterilizados con radiocollares que, por su naturaleza social, ayudaron a localizar a las demás cabras. Las “Mata Hari”, hembras con implantes hormonales, se usaron también para atraer a los machos. Este método demostró ser eficaz, aportando resultados positivos en el seguimiento posterior al 2006, como la recuperación de la vegetación endémica y el aumento en la población de aves, como el rascón de Galápagos.
La introducción de especies invasoras genera desequilibrios ecológicos significativos, y en islas, el impacto es aún más pronunciado. Este caso muestra cómo una estrategia bien planificada puede revertir el daño ecológico, haciéndose una referencia a nivel mundial en la gestión de especies invasoras. El éxito del proyecto Isabela resalta la importancia de eliminar elementos no nativos para permitir la recuperación de ecosistemas previamente dañados.
Desde 1990, se han documentado al menos 12 reintroducciones intencionadas de cabras en el archipiélago, lo cual subraya la necesidad de un monitoreo continuo. Aunque el ecosistema ha mostrado señales de sanación, la restauración completa no es un proceso sencillo ni automático. La recuperación de tortugas gigantes en el volcán Alcedo es una prueba de que restablecer un ecosistema implica más que eliminar especies invasoras; también requiere cuidar otras especies clave que ayudan a mantener el equilibrio.
