Francia enfrenta una crisis de abastecimiento de gasolina que podría repercutir en toda Europa. La situación se ha intensificado tras el conflicto en Irán y los ataques de Ucrania a refinerías rusas, lo que ha llevado a un suministro crítico de combustibles. Adicionalmente, los recientes ataques hutíes a infraestructuras sauditas añaden más presión, mientras que la posibilidad de que Estados Unidos reduzca sus exportaciones de petróleo podría agravar aún más este panorama.
La situación se ve complicada por el cierre de refinerías en Europa, que buscan alinearse con las metas de cero emisiones netas. En contraste, España se beneficia de contar con ocho refinerías operativas, lo que ha amortiguado el impacto de la crisis en su territorio. Datos recientes indican que el 11% de las estaciones de servicio en Francia enfrenta problemas de abastecimiento, con un pico del 15% alcanzado en algunos puntos, especialmente en París, donde muchas gasolineras se han quedado sin combustible.
Durante septiembre, Francia demandó 750,000 barriles de gasóleo, mientras que su producción nacional fue de apenas 370,000, una dependencia que se ha vuelto insostenible en el contexto actual. La escasez ha sido exacerbada por ataques iraníes a oleoductos, así como la prolongación de una prohibición de exportación de diésel por parte de Rusia hasta octubre, lo que ha reducido aún más el flujo de combustibles hacia Francia.
La respuesta del gobierno francés ha incluido medidas de emergencia, con el presidente Emmanuel Macron solicitando a Bruselas que se flexibilicen regulaciones para aumentar la producción y capacidad de refinación. Esta petición incluye un aplazamiento de nuevas normativas sobre emisiones de metano, mientras que el ejecutivo también ha asignado más de 1,400 millones de euros en ayudas a los consumidores.
A diferencia de Francia, España ha consolidado su posición en el sector, con refinerías que han invertido considerablemente desde 2008. Las plantas de Repsol, Moeve y BP permiten a España satisfacer un 13% de la demanda total de Europa, siendo solo superada por Alemania e Italia. En septiembre, España produjo 500,000 barriles de un total de 600,000, lo que la coloca en una situación más favorable en comparación con su vecino.
La capacidad de refinación y la diversidad de crudos tratados en las refinerías españolas se perfilan como una ventaja clave. Sin embargo, la crisis de carburantes en Europa es un fenómeno interconectado y España no está exenta de sus efectos. La escalada de precios del diésel podría influir en otros sectores, especialmente en los costos de la cesta de la compra, lo que es motivo de preocupación para el día a día de los ciudadanos.
