La presencia en la Berlinale de la directora mexicana Fernanda Tovar con su ópera prima representa un hecho relevante para el cine nacional y puede generar interés entre audiencias locales por abordar temas de violencia y adolescencia desde una mirada mexicana.
Chicas tristes explora el impacto emocional del silencio y de la voz frente a la violencia a través del vínculo de amistad entre dos adolescentes, cuya relación se ve sometida a una prueba tras un incidente que intentan nombrar.
Las protagonistas, Paula (Darana Álvarez) y La Maestra (Rocío Guzmán), son dos jóvenes de 16 años que forman parte de un equipo de natación y se preparan para representar a México en un campeonato juvenil panamericano.
Tras una fiesta, Paula queda a solas con un amigo y, posteriormente, muestra una distancia emocional que preocupa a su amiga; la revelación de lo ocurrido provoca reacciones distintas que tensionan su relación.
La directora plantea la película como una invitación al diálogo y a la reflexión más que a la definición de respuestas, poniendo el foco en formas de violencia más silenciosas y en la distancia entre la teoría y la vivencia personal.
En la narración, La Maestra encarna la postura de denunciar y reclamar voz, mientras Paula representa la experiencia íntima y el proceso personal de cada quien, lo que subraya la idea de que no existe una única forma válida de reaccionar.
La elección de un equipo de natación destaca la condición de comunidad cerrada donde el agresor puede ser alguien con quien se convive a diario, y subraya la vulnerabilidad física que conlleva este deporte por la exposición corporal y la mirada ajena.
La película incorpora además el impulso de seguir persiguiendo sueños y la resiliencia de las protagonistas; su realizadora buscó un desenlace esperanzador que muestre posibilidades de recuperación. Chicas tristes es una coproducción entre México, España y Francia y se presentó en la sección Generation de la Berlinale.
Fuente: contactonoticias.com.mx
