La percepción sobre los productos fabricados en China ha cambiado drásticamente en los últimos años. Lo que solía ser sinónimo de baja calidad y copia barata se ha transformado en una realidad donde móviles, coches y electrodomésticos de marcas chinas compiten en calidad con sus homólogos occidentales. Este cambio no ha sido fortuito; China ha emprendido una evolución estratégica que busca posicionarse como líder en innovación y manufactura.
Para entender esta metamorfosis, se consultó a expertos en el tema como Julio Ceballos, un consultor de negocios en China, y Patrick McGee, autor del libro “Apple in China”. Ambos coinciden en que el camino hacia la excelencia se inició con el concepto de “shanzhai”, que surgió en la década de 2000, cuando pequeños fabricantes chinos comenzaron a crear réplicas de productos populares como el iPhone. Aunque estas imitaciones fueron vistas con desprecio en Occidente, desde la perspectiva china, eran una forma de aprendizaje y supervivencia que permitía dominar aspectos clave de la ingeniería y la producción.
Hoy en día, China cuenta con marcas reconocidas y una cadena de suministro altamente eficiente. Ceballos señala que hitos como la llegada de plataformas “single chip” y las “design houses” han reducido las barreras de entrada, permitiendo a pequeñas empresas de tecnología innovar y mejorar rápidamente sus productos a través de procesos de I+D constantes. Este entorno ha sido crucial para que marcas como Xiaomi y OnePlus hayan podido lanzar móviles de gama premium en los últimos años, alejándose de su imagen de productos baratos.
Apple ha desempeñado un rol fundamental en este proceso. Su colaboración con manufacturas en China para la producción del iPod y iPhone ha elevado los estándares de calidad. McGee destaca que, aunque no fue intencionado, la influencia de Apple ha incentivado a la industria china a alcanzar niveles de excelencia en producción. La obsesión por la calidad en Apple ha sido, según McGee, un factor determinante en la transformación de la fabricación china.
El avance hacia la calidad se ha visto en otros sectores más allá de los móviles. Por ejemplo, en la industria de drones, DJI ha establecido un liderazgo en un mercado nuevo y en auge. Asimismo, en electrodomésticos, compañías como Midea y Roborock están destacando por su innovación. Sin embargo, es el sector de vehículos eléctricos donde China ha brillado notablemente, convirtiéndose en el mayor vendedor mundial de estos, impulsados por un mandato estatal que ha fomentado toda la cadena de suministro.
No obstante, China aún enfrenta el reto de deshacerse de su reputación como el “fábrica del mundo” asociada a productos de baja calidad. Ceballos y McGee sugieren que para lograrlo, el país necesita construir confianza en sus productos, establecer un relato sólido acerca de su identidad industrial y mantener la consistencia en la calidad. Mientras que algunas marcas chinas han alcanzado estándares globales, muchas otras todavía cargan con la imagen de productos mediocres.
En resumen, China está en un punto crucial. Si bien ha avanzado notablemente en términos de calidad y reputación, el camino hacia una percepción de igualdad con economías como la alemana o suiza presenta desafíos significativos. La ambición de China no se detiene en ofrecer productos de alta gama, sino en controlar los medios de producción y las cadenas de suministro globales, utilizando la calidad como una palanca estratégica en su plan a largo plazo.
