Durante el mes de septiembre, la tradición de los coleccionables vuelve a cobrar vida, destacando la presencia de quioscos que, a pesar de la crisis, siguen ofreciendo estos productos. Con empresas como Salvat lanzando colecciones, la tendencia favorece aún a los quioscos, que han adoptado nuevas estrategias, incluidas las redes sociales para informar sobre sus novedades, facilitando así el descubrimiento de estos artículos.
El panorama de los quioscos ha cambiado drásticamente desde finales del siglo XX; en España, la cantidad de estos establecimientos ha disminuido de más de 20,000 a menos de 4,000. Esta caída se debe, en parte, a la jubilación de sus responsables y a la reducción de ventas de periódicos, situación que ha afectado particularmente a la industria de coleccionables. Sin embargo, los quioscos aún mantienen un mercado, y los coleccionistas siguen siendo un público activo.
Aunque el contexto social y tecnológico ha cambiado, el atractivo de los coleccionables perdura. Eva Cancela, de la Librería Campus en Lugo, confirma que, a pesar de la opción de suscripción online, muchos todavía prefieren visitar el quiosco. Este acto tiene un componente sentimental, donde los consumidores valoran el contacto físico con los productos y la experiencia de la compra.
El formato de los coleccionables se ha adaptado a los nuevos tiempos, alejándose de las enciclopedias que fueron populares en el pasado. Hoy en día, se pueden encontrar colecciones de libros ilustrados y maquetas, que captan la atención de un público diverso. La mezcla de coleccionables literarios y manualidades resuena con distintos grupos demográficos, incluyendo a los jóvenes, que también buscan productos que conecten con sus intereses culturales.
En resumen, los coleccionables, aunque transformados, siguen siendo relevantes en la cultura del ocio, invitando a los consumidores a redescubrir la experiencia de comprar en el quiosco, adaptándose con creatividad a un entorno cambiante.
