El Ministerio de Comercio de China ha iniciado consultas con importantes empresas tecnológicas sobre un nuevo paquete de restricciones a la exportación, que se centra en el ecosistema local de inteligencia artificial (IA). Este movimiento busca fortalecer la autosuficiencia de China en tecnología, limitando el acceso a compañías extranjeras como TSMC y Samsung para la producción de chips. La propuesta incluye, además, restricciones sobre la exportación de modelos avanzados de IA y el manejo de datos de entrenamiento.
Las medidas no son aisladas y tienen implicaciones significativas. Empresas como Huawei, Alibaba y ByteDance, que actualmente dependen de semiconductores extranjeros, se verían obligadas a confiar en la capacidad de fabricación nacional, que todavía no alcanza los estándares más avanzados. Esta situación podría limitar su competitividad en el mercado.
El Ministerio también busca restringir la salida de datos de entrenamiento y la descarga de modelos de IA por usuarios internacionales. Esta decisión marca un cambio notable frente a estrategias anteriores, donde algunas empresas chinas promovían la apertura de sus modelos para competir con alternativas occidentales.
Adicionalmente, el nuevo marco regulatorio plantea un endurecimiento de las normas sobre las adquisiciones extranjeras en tecnología que el Gobierno considera estratégica. Esto incluye un enfoque más riguroso tras la adquisición de la startup Manus por parte de Meta, que fue vista como un vacío legal por las autoridades chinas.
Si se implementan estas restricciones, se sumarían a la próxima revisión del catálogo de tecnologías prohibidas o restringidas en China, que actualmente regula recursos críticos como las tierras raras. Aún se encuentra en fase de consulta y no hay confirmaciones oficiales sobre su alcance. Sin embargo, este paso suscita inquietudes sobre las posibles repercusiones para las propias empresas chinas, que podrían verse afectadas por una búsqueda de soberanía tecnológica que limitaría su avance.
