En España, la última encuesta nacional sobre hábitos alimentarios, prevista para 2020, se suspendió debido a la pandemia. Esta investigación, realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en años previos, busca entender los patrones de consumo alimentario en los hogares españoles, revelando que el consumo de ultraprocesados ha aumentado considerablemente: del 11% de las calorías compradas en 1990 al 31,7% en 2010. Este crecimiento se refleja en el panorama global, donde las ventas de ultraprocesados alcanzaron los 1,9 billones de dólares en 2023, siendo dominadas por multinacionales como Coca-Cola y PepsiCo, que invirtieron más de 13.200 millones de dólares en publicidad solo en 2024.
Estos datos subrayan una preocupación creciente: España, que históricamente ha sido un referente de la dieta mediterránea, lidera el ranking europeo de sobrepeso infantil, con un 34% de niños afectados. Aunque ha habido una ligera mejora desde 2019, con un descenso al 36,1% en 2023, la obesidad infantil y adulta, que alcanza el 55,8% en adultos, sigue siendo alarmante. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) indica que la dieta mediterránea es un 8% más cara que una dieta que incluye un mayor porcentaje de ultraprocesados, lo que desincentiva su adopción.
Además, ha habido un notable descenso en el consumo de productos típicos como el aceite de oliva y el pescado, este último con una caída del 36%. A pesar de esta tendencia preocupante, los esfuerzos legislativos para regular la publicidad de alimentos no saludables dirigidos a menores han sido obstaculizados, ya que el Congreso rechazó una proposición de ley en mayo de 2026, dejándonos sujetos a normativas de 2005 que parecen ineficaces.
Esto plantea una reflexión seria sobre la situación alimentaria en España, que continúa en declive sin medidas efectivas para revertir la tendencia a la obesidad y la aceptación de los ultraprocesados en la dieta diaria. La batalla por una alimentación más saludable está lejos de ser ganada.
