Una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña destaca la severidad de las políticas empresariales en torno al robo, tras el despido de una gobernanta de un hotel en Calella, Barcelona, que tomó seis rollos de papel para secarse las manos. A pesar de su larga trayectoria laboral, el tribunal considera que, independientemente del valor de lo sustraído, el acto transgrede la confianza esencial en la relación laboral, lo que justifica el despido disciplinario. La empleada, tras ser grabada saliendo del hotel con la bolsa, argumentó que necesitaba el papel para limpiar el vómito de su perro en su vehículo.
El juicio inicial le dio la razón, señalando que la medida de despido era desproporcionada. Sin embargo, el Tribunal Superior revisó las grabaciones y determinó que no existía evidencia de la situación descrita por la trabajadora, como el supuesto vómito del perro. Esto llevó al tribunal a anular la decisión anterior y confirmar el despido como procedente, lo cual significa que no se le reconocerá indemnización, a pesar de sus casi 30 años de servicio en el hotel. Este caso resalta la clara posición legal de las empresas sobre la confianza en el entorno laboral y las implicaciones de los robos, sin importar su valor monetario.
