La Hermandad de Campoo de Suso, en Cantabria, ha implementado vigilancia aérea con drones para monitorizar el uso del agua, debido a preocupaciones sobre el consumo excesivo de agua para el llenado de piscinas y riego irregular. Este municipio ha establecido multas que oscilan entre 300 y 3,000 euros por estas infracciones, ante la presión de garantizar un suministro básico de agua a sus habitantes.
El problema del abastecimiento de agua en las localidades como Las Rozas de Valdearroyo se ha intensificado, con un gasto regional de 300,000 euros para enviar agua potable en cisternas. En otras áreas, como Karrantza, se realizan hasta seis viajes diarios de camiones que transportan entre 250,000 y 300,000 litros de agua. En Siero, la comunidad ha tenido que aplicar cortes nocturnos para conservar reservas mientras que en Salamanca, 64 pueblos han requerido suministro adicional debido, no solo a la sequía, sino también a la contaminación de acuíferos por nitratos y pesticidas.
Las alarmas se encendieron al comparar el consumo de agua de dos localidades con el mismo sistema de abastecimiento. Naveda consumió 132,000 litros frente a los 32,000 de Celada, lo cual obligó al pueblo a depender de cisternas. Tras ello, el Ayuntamiento realizó un control exhaustivo de los contadores, resultando en la constatación de que el consumo irregular provenía de propiedades privadas.
Para abordar este desafío, se recurrió al uso de drones que analizan la clorofila en vegetación para identificar prácticas de riego no reportadas. Esta técnica permite a los funcionarios monitorizar el consumo sin vulnerar la privacidad de los ciudadanos, ya que los drones deben volar a una altura mínima de 20 metros y no pueden grabar imágenes identificables.
A pesar de no existir un límite nacional específico, se considera que un consumo razonable de agua oscila entre 110 y 130 litros por persona al día. Según datos del INE, el consumo medio en España fue de 128 litros en 2024, con Cantabria destacándose como la comunidad con un consumo promedio de 186 litros.
La sequía ha afectado a numerosas regiones de España, con un 80% de los municipios en Galicia bajo restricciones de agua, y en Álava, se han prohibido actividades que consumen agua como el baldeo de calles y el llenado de piscinas. Mallorca ha reportado niveles de reservas alarmantemente bajos.
Una piscina doméstica promedio necesita alrededor de 48,000 litros solo para el llenado inicial y puede evaporar hasta 200 litros diarios en verano. Esto significa que el uso de piscinas se ha convertido en un factor crítico en la gestión de recursos hídricos, exacerbando la situación en localidades vulnerables como la Hermandad de Campoo de Suso.
Las medidas adoptadas han incluido la combinación de vigilancia y educación para fomentar un consumo responsable. La simple comunicación de la vigilancia ha mostrado resultados positivos, al reducir automáticamente el derroche de agua en la comunidad.
