Las ruinas de St. Thomas, un antiguo pueblo en Nevada, han resurgido del lago Mead, que ha alcanzado niveles históricamente bajos. Este embalse, el más grande de Estados Unidos, ha visto caer su capacidad a cifras no vistas en casi 90 años, lo que ha permitido que emerjan estructuras que fueron sumergidas desde 1938. La imponente baja en los niveles de agua no solo revive un sitio histórico, sino que también pone en relieve la crítica situación del suministro de agua en el oeste estadounidense, afectando a millones de personas y tierras agrícolas.
St. Thomas fue fundado en 1865 por pioneros mormones en un valle fértil, y su desarrollo se basó en la disponibilidad de agua para la agricultura. Sin embargo, la construcción de la presa Hoover en 1935, destinada a controlar inundaciones y generar electricidad, sumergió el asentamiento bajo el lago Mead. Los habitantes fueron compensados y evacuados, pero sus recuerdos y estructuras permanecían bajo el agua.
Durante décadas, St. Thomas existió como un pueblo fantasma, visible solo para buceadores. Ocasionales fluctuaciones del lago permitieron que sus ruinas aparecieran temporalmente, pero la situación cambió significativamente a partir de 2000. Con una larga sequía, el nivel del lago descendió 43 metros en dos décadas. En 2002, se vislumbraron los restos del pueblo, convirtiéndose en un atractivo accesible a pie.
Hoy, se han reabierto senderos que permiten a visitantes explorar los cimientos y las estructuras del pueblo, ahora comentado como un símbolo visibilizado de los problemas hídricos en la región. El lago Mead ha llegado a 317 metros sobre el nivel del mar en agosto de 2026, lo que provoca preocupación acerca de la sostenibilidad del recurso hídrico en un contexto de sequía y cambio climático.
La situación resalta el dilema que enfrenta el sistema hídrico del río Colorado, que debe atender las demandas de 40 millones de personas. Las autoridades preparan recortes en el consumo de agua, dado que tanto el lago Mead como el lago Powell atraviesan niveles críticamente bajos. St. Thomas, con su historia de inundación y resurgimiento, se ha convertido en una representación inquietante de esta crisis de agua en curso.
