Desde el 2 de agosto de 2023, la legislación de la Unión Europea sobre inteligencia artificial ha establecido que todo contenido generado o modificado por IA debe llevar una etiqueta visible y una marca técnica incrustada. Esta norma, parte de la Ley de IA, busca aumentar la transparencia y proteger a los usuarios de la desinformación, al asegurar que las personas sean conscientes de la naturaleza artificial de ciertos contenidos, desde imágenes y videos hasta textos y audios.
La normativa aplica a cualquier empresa que comercialice sistemas de IA generativa en Europa, independientemente de su ubicación. Las empresas que ya estén operando tienen un periodo de cuatro meses para ajustarse a estos requisitos. Si no lo hacen, enfrentan sanciones que pueden alcanzar hasta 15 millones de euros o el 3% de su facturación global.
Sin embargo, hay excepciones significativas. La norma no se aplicará a contenidos que se consideren artísticos, creativos o que incluyan supervisión humana, lo que genera la preocupación de que muchos contenidos, como memes o parodias, puedan escapar a la regulación. Esta falta de claridad ha llevado a críticas sobre la efectividad de la medida, similar a cómo los avisos de cookies han perdido su impacto a fuerza de ser omnipresentes.
Debido a la evolución vertiginosa de la IA y la creciente indistinción entre lo generado artificialmente y lo real, la implementación de esta norma ha sido recibida con escepticismo. Los artistas y creadores ahora deben justificar la autenticidad de su trabajo, complicando aún más la percepción de lo que es real y lo que es falso. A medida que se incrementa la saturación de contenido generado por IA, la necesidad de soluciones más robustas para garantizar la veracidad se vuelve cada vez más apremiante.
