La creciente incapacidad de los estudiantes para leer textos extensos ha generado preocupaciones en el ámbito educativo. Tyler Jagt, un profesor universitario de literatura, ha compartido su experiencia sobre cómo sus alumnos no logran completar una tarea de lectura de 20 páginas, algo que en años anteriores no ocurría. Atribuye este problema a la influencia de los smartphones y la inteligencia artificial, sugiriendo que estas tecnologías han alterado la forma en que los estudiantes interactúan con la lectura.
Los resultados de la evaluación nacional de progreso educativo en Estados Unidos de 2024 destacan esta tendencia. Los alumnos de doceavo grado registraron las puntuaciones más bajas en lectura desde el inicio de estas evaluaciones en 1992. Un tercio de ellos apenas alcanza un nivel básico, lo que sugiere dificultades para extraer conclusiones de textos. La situación en España también es preocupante, con un informe de la OCDE indicando que un tercio de la población tiene dificultades para comprender textos simples.
Jagt aborda el impacto de la tecnología, señalando que los adolescentes recurren a herramientas de IA para finalizar sus trabajos, aunque los efectos cognitivos de esta dependencia son aún inciertos. Investigaciones recientes han introducido conceptos como la “deuda cognitiva”, que sugiere que el uso excesivo de IA podría debilitar las capacidades mentales al reemplazar el esfuerzo intelectual. Por otro lado, la “rendición cognitiva” se refiere a la tendencia a confiar ciegamente en las respuestas proporcionadas por la IA, lo que podría disminuir la habilidad crítica necesaria para el aprendizaje.
Sin embargo, el uso efectivo de la IA puede variar: algunos estudiantes la utilizan como apoyo, lo que no afecta negativamente su rendimiento académico. La controversia sobre el uso de chatbots educativos sigue presente, especialmente tras la retractación de un estudio que afirmaba su beneficio en el aprendizaje.
Además de la incursión tecnológica, Jagt menciona el papel del smartphone en la pérdida de atención. Estudios demuestran que su mera presencia puede reducir la capacidad cognitiva y que el uso de redes sociales puede fomentar patrones de consumo de información que dificultan la inmersión en lecturas más largas.
Como respuesta a estos desafíos, Jagt está adaptando su metodología para dividir las lecturas en partes más manejables y asignar tareas específicas que ayuden a los estudiantes a mantenerse enfocados. Esta estrategia busca contrarrestar el efecto del “doomscrolling” y la falta de atención provocada por las redes sociales, que han transformado la interacción de los jóvenes con la información textual.
