Las olas de calor extremo están transformando las ciudades en trampas de asfalto, lo que ha llevado a un creciente interés por los “refugios climáticos urbanos”. Recientes estudios de la Universidad de Granada revelan que no todos los espacios verdes son igualmente efectivos para mitigar temperaturas. Factores como el diseño, la morfología y el tipo de arbolado son determinantes en su eficacia. En particular, la falta de densa cobertura arbórea puede reducir significativamente su capacidad de enfriamiento.
El proyecto ACTERCA, encabezado por el investigador David Hidalgo, ha analizado el efecto de las áreas verdes en ocho capitales andaluzas. Utilizando satélites, modelización climática, inteligencia artificial y cámaras térmicas, el estudio concluye que los árboles de gran tamaño y copa densa son fundamentales para reducir la temperatura ambiental entre 3 y 5 grados Celsius respecto a zonas pavimentadas. Esto subraya la importancia de diseñar espacios verdes que no solo sean visualmente atractivos, sino que también ofrezcan sombra y evapotranspiración eficaces.
Además, el estudio destaca que no existe un enfoque único para el diseño urbano. Cada ciudad enfrenta desafíos específicos; por ejemplo, Sevilla y Málaga se ven afectadas por el albedo, mientras que Córdoba enfrenta problemas de densidad edificatoria. En contraste, Granada muestra una mayor resiliencia térmica debido a su configuración de calles angostas.
La investigación también sugiere que el enfoque actual en el confort térmico es limitado. Aunque la reducción de temperatura es un objetivo evidente, la definición de “refugio climático urbano” aún está en desarrollo. Se propone que estos espacios no solo deben diseñarse para enfriar, sino también para apoyar la biodiversidad y la mitigación climática a largo plazo. Para ello, se recomienda crear redes interconectadas de refugios que atiendan diferentes funciones y usos.
Sin embargo, el desafío más significativo se encuentra en el ámbito social. La falta de acceso a estos refugios para las poblaciones vulnerables es un problema crítico. Un análisis realizado en Barcelona pone de manifiesto que la renta, el género y el origen cultural influyen en quién utiliza realmente estos espacios, creando desigualdades en el acceso al confort térmico.
Aunque se cuenta con el conocimiento necesario para abordar estos desafíos, las administraciones todavía operan a un ritmo lento. Un análisis europeo de 97 iniciativas en 88 ciudades revela una desconexión institucional. Las estrategias de adaptación climática a menudo no se integran adecuadamente en las prácticas locales.
Finalmente, está claro que para combatir el calor extremo en las próximas décadas, las ciudades requieren no solo más metros cuadrados de espacio verde, sino ecosistemas urbanos densamente arbolados y distribuidos de manera equitativa.
