La exploración lunar se encuentra en una nueva etapa, con China avanzando en su ambicioso objetivo de enviar astronautas a la superficie lunar antes de 2030. Desde la última misión humana en diciembre de 1972, el regreso a la Luna implica no solo tecnología avanzada, sino también comprender cómo el cuerpo humano puede adaptarse a entornos de gravedad diferente. Parte de esta preparación se está llevando a cabo a través del experimento Dixing-3, que evalúa cómo el reposo prolongado afecta a los astronautas.
Este estudio, que comenzó en mayo de 2026 y cuyos resultados se presentaron en septiembre, consistió en que voluntarios permanecieran en una cama en posición inclinada durante 15 a 30 días, realizando actividades cotidianas sin levantarse. Este enfoque permite simular algunos efectos de la microgravedad que los astronautas experimentarán en el espacio, especialmente durante la transición de la ingravidez a la gravedad lunar, que es una sexta parte de la terrestre.
Las mediciones fisiológicas de los participantes, que incluyeron actividades como comer y dormir, proporcionan información valiosa. Mantener el cuerpo en un ángulo de 6 grados induce un desplazamiento de fluidos que reduce la carga en los huesos y músculos. Además, los investigadores incorporaron otros ángulos de inclinación para estudiar la adaptación a condiciones de gravedad reducida, crucial para el rendimiento físico en la superficie lunar.
China también está mirando hacia el futuro, ya que busca soluciones para estancias espaciales prolongadas, considerando que un astronauta de la misión Shenzhou 23 podría pasar un año en órbita. El experimento Dixing-3 no solo se enfoca en los viajes lunares, sino que también se plantea como una base para futuras misiones más largas en el espacio. Estudios previos, como Dixing-2, demostraron que ciertos ejercicios pueden ayudar a mantener la fuerza muscular y la condición aeróbica, aunque se necesita más investigación para evitar la pérdida ósea.
Con tecnologías como el Long March-10, el módulo de descenso Lanyue y el traje lunar Wangyu en desarrollo, Pekín se prepara integralmente para la misión lunar. Mientras la NASA apunta a un regreso a la Luna con Artemis IV en 2028, China planea su primer alunizaje tripulado en un horizonte similar. Sin embargo, regresar a la Luna no solo se trata de ingeniería; también se trata de entender cómo facilitar que los astronautas se recuperen y trabajen eficazmente en un entorno marcado por su diferencia gravitacional.
