En un hallazgo arqueológico significativo cerca de la plaza de San Pedro en Roma, expertos han desenterrado monedas inglesas del siglo X, revelando rastros de la Schola Saxonum, un barrio medieval que se creía existía únicamente en registros históricos. Esta comunidad, que floreció junto al Tíber, sugiere que los ingleses tuvieron un papel económico activo en Roma entre los siglos IX y X, lo que podría alterar la comprensión de las dinámicas sociales en esa época.
El equipo de investigación, dirigido por Rory Naismith de la Universidad de Cambridge y Francesca Tinti de la Universidad del País Vasco, encontró 20 monedas en condiciones diversas. De ellas, 14 yacían en basureros, mientras que otras aparecieron en los alrededores, todas datadas durante los reinados de Eduardo el Viejo, Æthelstan y Eadred. La trascendencia de este descubrimiento radica en que sugiere la existencia de un núcleo de comercio y artesanía en lugar de un simple refugio para peregrinos.
Hasta ahora, la Schola Saxonum era mencionada en textos antiguos, pero carecía de evidencias físicas. La presencia de estas monedas y otros restos materiales indica que los ingleses no solo visitaban la ciudad, sino que también establecieron una comunidad activa. Este descubrimiento desvela la utilización de moneda anglosajona en Roma, un privilegio que evidencia el prestigio de esa comunidad frente a otros extranjeros.
El vínculo entre Inglaterra y Roma se remonta al menos al siglo VI, cuando el papa Gregorio I envió una misión a los ingleses. Un siglo más tarde, el rey Ine de Wessex fundó la Schola Saxonum como un hospedaje y capilla para peregrinos, incorporada en la narrativa medieval. Otros grupos migratorios, como francos y lombardos, también establecieron instituciones en la zona, pero los anglosajones parecen haber dejado una huella mucho más visible.
El hallazgo de monedas, que probablemente formaban parte de transacciones cotidianas, indica que la comunidad era activa y estaba compuesta por cientos de personas, ocupando una extensión significativa de al menos 3.000 metros cuadrados. Este descubrimiento proporciona una nueva perspectiva sobre la presencia y la influencia de los anglosajones en la historia de Roma, facilitando una mayor comprensión del tejido social y económico de la época.
