La NASA intentó sin éxito evitar la caída del telescopio espacial Neil Gehrels Swift. En julio, la agencia lanzó la misión Link para estabilizar el observatorio, pero fallos técnicos llevaron a la nave de regreso a la Tierra sin cumplir su objetivo. Finalmente, el observatorio reentró en la atmósfera el 4 de noviembre, impactando sobre la isla de Sumatra. Afortunadamente, no se reportan daños, aunque la NASA aún no ha confirmado la presencia de restos.
El riesgo de un impacto era alto, superando el 90%, y la reentrada fue descontrolada. A pesar de los intentos de la NASA de asegurar que la mayor parte del telescopio se desintegrara, la falta de información precisa sobre la caída generó incertidumbre. Las predicciones apuntaban a un riesgo de 1 entre 2,100 de que algún fragmento impactara a una persona, pero hasta ahora no hay reportes de incidentes.
Swift, diseñado originalmente para una misión de dos años, funcionó durante 22 años, aportando datos valiosos sobre estallidos de rayos gamma. Al detectar que la fricción atmosférica amenazaba con descender el telescopio, la NASA apagó algunos de sus instrumentos para prolongar su operación. Sin embargo, la misión Link sufrió fallos de propulsión que impidieron el rescate.
La historia de Swift concluye con una reentrada que marca el final de una larga y productiva misión científica, que dejó un legado importante en el campo de la astronomía.
