Un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia revela que los ríos españoles presentan un nivel de fosfatos aproximadamente quince veces superior al de los ríos portugueses. Este incremento en la concentración de fosfatos, que estimula el crecimiento de algas nocivas, plantea serios riesgos para la salud de los ecosistemas acuáticos y, por extensión, para la calidad del agua que consumimos.
María Pachés y su equipo desarrollaron un índice denominado HPRE (Presión Humana sobre Ecosistemas Fluviales), el cual combina datos sobre la demanda bioquímica de oxígeno y los niveles de fosfatos. Aunque este índice proporciona información sobre la salud de nuestros ríos, no necesariamente se traduce en una mejora ecológica. En países como Suecia, aunque los niveles de fosfatos son bajos, muchos ríos aún no alcanzan un estado ecológico aceptable.
A pesar de que en términos generales España no se considera uno de los países con mayores problemas ecológicos en Europa, los datos indican que la situación está empeorando. Entre 2007 y 2023, la concentración de fosfatos en los ríos españoles se ha triplicado, pasando de 0,160 mg/l a 0,547 mg/l. Mientras tanto, aunque la materia orgánica ha disminuido desde su pico en 2016, sus niveles todavía superan los registros de hace más de 15 años.
El deterioro se atribuye a factores como el bajo caudal de los ríos y la presión del regadío y el turismo, que limitan su capacidad para diluir contaminantes. Esto significa que, pese a que España pueda mejorar en comparación con otros países, sus ríos siguen siendo vulnerables a la eutrofización por la alta concentración de nutrientes.
Para abordar esta crisis, se propone el tratamiento terciario de aguas, ahora obligatorio en zonas de riesgo de eutrofización según la Directiva 2024/3019, aunque su implementación en España está pendiente de ser completada. Las autoridades han sido advertidas sobre este incumplimiento por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, lo que refleja una falta de seriedad en la gestión del recurso hídrico.
La urgencia de actuar es evidente si se quiere revertir una situación que continúa deteriorándose y afecta a ecosistemas clave para la salud pública y el equilibrio ambiental.
