Diciembre de 2024 fue un hito significativo para Corea del Sur, marcando el inicio de un año en el que la nación fue oficialmente reconocida como “súper envejecida”. Este término se refiere a que más del 20% de su población ha superado los 65 años, con cifras recientes que indican que aproximadamente 11 millones de personas pertenecen a este grupo demográfico. Este cambio poblacional plantea desafíos considerables para la sociedad, así como para los sistemas de bienestar y las políticas económicas del país.
La interrogante sobre qué constituye un “anciano” ha cobrado relevancia en Seúl, donde se cuestiona si la definición actual, centrada en los 65 años, se mantiene pertinente en un contexto donde la esperanza de vida sigue creciendo. Un artículo de The Korea Times aborda este debate, enfatizando la necesidad de revisar si los parámetros establecidos en la legislación de 1981 reflejan aún la realidad actual.
El envejecimiento de la población surcoreana responde a factores como la baja tasa de natalidad, que aunque ha mostrado signos de mejora recientemente, no compensa décadas de disminuciones. A finales de 2025, el 21,21% de los ciudadanos tendrán 65 años o más, con proyecciones que sugieren que este grupo podría representar más del 40% para el año 2050.
La creciente población de personas de edad avanzada plantea retos significativos en términos de sostenibilidad económica y social. El sistema de pensiones enfrenta una presión creciente, ya que cada vez hay menos trabajadores jóvenes y más jubilados que dependen de este sistema. Un profesor de la universidad, Kim Woo-chang, ha señalado que el hecho de que algunos jóvenes ganen menos que los pensionistas enfatiza las desigualdades en el financiamiento de pensiones.
Se ha planteado un debate en torno a aumentar la edad mínima para acceder a prestaciones sociales y transporte público gratuito. La Asociación de Personas Mayores de Corea ha sugerido que esta edad se eleve de 65 a 75 años, lo que refleja una creciente preocupación sobre la capacidad del sistema actual para sostener a una población en aumento de ancianos.
Asimismo, se ha reconocido que la tasa de pobreza entre los ancianos en Corea del Sur es alarmantemente alta, sobrepasando a la de otros países de la OCDE. Las pensiones, que promedian menos de 500 dólares al mes para los mayores de 65, contribuyen a que muchos ancianos deban continuar trabajando. Actualmente, cerca del 37,3% de las personas de 65 años o más siguen empleadas, lo que contrasta con las cifras mucho más bajas de otros países desarrollados.
El Gobierno Metropolitano de Seúl ha comenzado a considerar elevar la edad para acceder al transporte público gratuito a 70 años, y diversas encuestas reflejan un apoyo creciente entre la población a la revisión de los criterios de edad para ser considerados “ancianos”. Estos debates son fundamentales en el contexto de las dinámicas demográficas que enfrenta Corea del Sur y su capacidad para adaptarse a una sociedad envejecida.
