Un reciente informe del diario británico The Telegraph ha revelado preocupaciones sobre la actividad de 17 pesqueros rusos en el océano Atlántico, donde sus movimientos sugieren posibles tareas de espionaje. Este análisis, que abarca cuatro años y medio de registros de navegación, documenta más de 500 incidentes en los que estos barcos se han acercado a cables submarinos críticos, que facilitan las comunicaciones entre el Reino Unido, Europa y Estados Unidos, lo que podría tener implicaciones significativas para la seguridad y privacidad de las comunicaciones digitales.
El seguimiento se realizó utilizando datos de Global Fishing Watch, una plataforma que monitorea la actividad pesquera en el mar, apoyándose en el Sistema de Identificación Automática (AIS) que permite a los barcos transmitir su ubicación y trayectorias. Al superponer estos datos con cartas náuticas de cables submarinos, se identificaron maniobras sospechosas, como permanencias prolongadas y desplazamientos a baja velocidad cerca de infraestructuras clave.
Los cables submarinos tienen un papel fundamental en la conectividad global. Uno de los pesqueros siguió el trazado de nueve cables diferentes, como Atlantic Crossing 1, mientras otros permanecieron cerca de Hibernia Express. Estos comportamientos levantan inquietudes sobre el tipo de información que podría ser recopilada por estos barcos, ya que embotellamientos pueden permitir la utilización de vehículos submarinos operados a distancia, aunque no hay evidencia pública que respalde esta posibilidad.
Además de su función de conexión, los cables transportan la mayor parte del tráfico internacional de telecomunicaciones y datos, representando el 99% del tráfico en el Reino Unido. Esto destaca la importancia de su seguridad, ya que cualquier daño podría interrumpir servicios esenciales.
La preocupación por estas actividades no es nueva. En mayo de 2025, la Unión Europea impuso sanciones a dos empresas pesqueras rusas, Norebo JSC y Murman Sea Food, por implicaciones en la vigilancia de infraestructuras críticas. Estas sanciones respondieron a patrones de navegación sospechosos que vincularon dichas empresas con operaciones de espionaje en el mar del Norte y el Báltico.
En un contexto más amplio, el Reino Unido tomó medidas para contrarrestar cualquier amenaza potencial. En abril de 2026, se reveló una operación para rastrear un submarino ruso en aguas del Reino Unido, con colaboración de aliados como Noruega, evidenciando la preocupación persistente sobre la vigilancia militar. La Comisión de Defensa de los Comunes subrayó que la Royal Navy enfrenta limitaciones en su capacidad para detectar submarinos hostiles, lo que podría agravar la situación en la seguridad marítima.
