El oso pardo cantábrico, que estuvo al borde de la extinción en los años 90, ha visto una notable recuperación en su hábitat en la península Ibérica. Según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), su área de distribución ha aumentado a 17,000 kilómetros cuadrados, lo que representa un cambio significativo tras alcanzar un mínimo histórico. En un censo de febrero de 2023, se registraron 370 ejemplares en las comunidades autónomas donde habita, alejando el espectro de su extinción.
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana ha analizado la evolución de su área de distribución desde 1982. Los resultados indican que, tras una disminución del 25% en los primeros diez años, la presencia del oso pardo creció un 70% en la última década estudiada. Este aumento también implicó la fusión de dos poblaciones previamente aisladas, un desarrollo crucial para la viabilidad a largo plazo de la especie.
La expansión de este gran mamífero señala que los esfuerzos de conservación están rindiendo frutos y que el hábitat se ha vuelto más propicio. Sin embargo, es importante recalcar que las medidas de protección actuales solo abarcan alrededor del 50% de su territorio, lo que podría conllevar riesgos como la interacción con actividades agrícolas, ganaderas y apícolas.
La conexión entre las dos poblaciones de osos es alentadora para el futuro de la especie. A pesar de los peligros de su expansión, como el aumento de encuentros con humanos, la Fundación Oso Pardo advierte que esto podría generar más conflictos en zonas urbanizadas, afectando la percepción pública y las políticas de conservación.
Los investigadores analizaron cuatro periodos diferentes desde 1982, y aunque se ha expandido el área de presencia, la zona reproductora ha registrado poco crecimiento, lo que sugiere vulnerabilidad. Los osos tienden a moverse hacia áreas menos habitadas por humanos, lo que requiere la actualización de los planes de protección para alinearlos con su creciente distribución.
