La inteligencia artificial (IA) ha cobrado un protagonismo notable en el ámbito educativo, impulsando a países como Noruega a establecer regulaciones más estrictas. Este país ha implementado una prohibición casi total de herramientas de IA generativa en las escuelas primarias, buscando proteger la educación de sus jóvenes y asegurar que su desarrollo académico no se vea comprometido por el uso excesivo de esta tecnología.
A partir del próximo curso escolar, la política educativa noruega dictará que los estudiantes de primero a séptimo grado, es decir, de 6 a 13 años, no podrán utilizar IA en sus actividades escolares. Por su parte, los alumnos de secundaria inferior, de 14 a 16 años, podrán acceder a estas herramientas, siempre bajo la supervisión de sus profesores. Esta decisión responde a preocupaciones sobre la disminución del rendimiento académico y el riesgo de que los estudiantes omitan etapas clave en su aprendizaje.
El primer ministro Jonas Gahr Støre ha indicado que esta medida es fundamental para asegurar que los niños adquieran las habilidades básicas, como leer, escribir y realizar operaciones matemáticas. La regulación busca evitar que el uso desmedido de la IA generativa obstaculice el proceso educativo. Se ha señalado que un 75% de las escuelas primarias y más del 90% de las secundarias superiores ya hacían uso de herramientas de inteligencia artificial, lo que subraya la necesidad de un enfoque más equilibrado.
Aunque esta prohibición puede parecer un rechazo a la tecnología, Støre enfatiza que el objetivo es fortalecer la educación tradicional. Asimismo, el gobierno noruego busca explorar las oportunidades que la IA puede ofrecer en contextos educativos más avanzados, pero subraya la necesidad de priorizar el aprendizaje fundamentado en entornos primarios y secundarios.
Este enfoque se sitúa en un contexto más amplio de regulación de la tecnología en la educación. Por ejemplo, Noruega ya había limitado el uso de teléfonos móviles en las escuelas y está considerando restricciones en el acceso de menores a redes sociales. Este tipo de medidas también han sido discutidas en otros países, inspirándose en ejemplos como Australia y Reino Unido.
En contraste, China adopta una postura diferente respecto a la IA en la educación, promoviendo su integración en las aulas en lugar de prohibirla. Su estrategia incluye formar a los docentes para que enseñen a los niños a utilizar modelos de lenguaje de manera crítica y a verificar información, desarrollando así una “alfabetización en IA” desde temprana edad. Sin embargo, este enfoque también ha suscitado críticas, ya que podría acentuar la brecha social entre diferentes contextos económicos.
La regulación de la inteligencia artificial en el ámbito educativo continúa siendo un tema de debate, ya que cada país busca encontrar un equilibrio entre el avance tecnológico y la calidad de la educación de sus jóvenes.
