A lo largo de los 8.000 kilómetros que conectan Senegal con Yibuti, se desarrolla la ‘Gran Muralla Verde’, un ambicioso proyecto de ingeniería ecológica que busca transformar el paisaje del continente africano. Esta iniciativa, respaldada por la ONU, tiene como meta para 2030 restaurar 100 millones de hectáreas de tierra degradada, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos. Esta transformación no solo equilibra la relación con el medio ambiente, sino que también tiene un impacto directo en la vida cotidiana de millones de personas que dependen de estos ecosistemas.
Inicialmente concebido hace dos décadas como un esfuerzo de plantación lineal de árboles, el proyecto ha evolucionado gracias a investigaciones científicas que indican que esa estrategia no es la más eficaz. Los estudios han mostrado que la siembra de árboles en zonas semiáridas presenta retos como alta mortalidad de plantas y reducción de recursos hídricos. Ante estas dificultades, los expertos han adoptado un enfoque más adaptable y diversificado, centrándose en la plantación de arbustos, que resulta ser más sostenible.
Este nuevo enfoque no solo apoya la reforestación, sino que también ayuda a revitalizar la agricultura tradicional en el Sahel. Los cultivos locales han demostrado tener una mayor biodiversidad leñosa que las sabanas circundantes, lo que refuerza la idea de que una agricultura bien manejada puede coexistir con estos esfuerzos de restauración. Aunque las áreas no alcanzan densidades forestales altas, los árboles establecidos están mostrando beneficios tangibles como la retención de agua y la provisión de sombra.
Evaluar el impacto de la ‘Gran Muralla Verde’ en un contexto continental es complejo. En 2020, se estimaron 18 millones de hectáreas restauradas, gracias en gran parte a los 12 millones de hectáreas contribuidas por Etiopía. Sin embargo, la UNCCD ha implementado un nuevo sistema de medición estandarizado que ha determinado alrededor de 1,66 millones de hectáreas en proceso de restauración y la creación de aproximadamente 4,6 millones de empleos.
Para alcanzar los objetivos propuestos para 2030, se necesitará una inversión total de 33.000 millones de dólares. A pesar de compromisos significativos por parte de la comunidad internacional, la ejecución real de esos fondos se ve afectada por la burocracia. En 2023, de los 19.000 millones prometidos, solo se había concretado el 13% en el terreno. Instituciones como el Banco Africano de Desarrollo se han comprometido a contribuir significativamente, con más de 3.320 millones de dólares hasta la fecha.
No obstante, el verdadero desafío radica en la geopolítica, más que en la aridez del terreno. De acuerdo con los expertos, entre las 28 millones de hectáreas del Sahel que podrían ser restauradas económicamente, solo 14 millones son accesibles debido a conflictos armados y a la inseguridad persistente en muchas áreas. Sin medidas inmediatas de adaptación, la región podría enfrentar serios desafíos socioeconómicos en las próximas décadas, empujando a millones hacia la pobreza extrema y provocando caídas significativas en el PIB.
