La comunidad local recuerda la pérdida de los jardines del palacio, cuya destrucción por intensas lluvias tuvo impacto en la vida cotidiana del monarca conocido por dedicarse al cuidado de esas áreas verdes. La noticia de la devastación y la posterior recuperación de los espacios ajardinados sigue siendo relevante para quienes conservan la memoria del lugar.
El rey, de origen normando y con blasones de Aragón, dedicaba las mañanas a los asuntos del reino y las tardes a trabajar en los jardines del palacio. Cultivaba rosas rojas, lilas y hortensias, y consideraba la jardinería una actividad que le proporcionaba paz y bienestar.
Una tarde, fuertes aguaceros provocaron el desbordamiento de los cauces y arrasaron los jardines, destruyendo en pocas horas la colección de plantas que el soberano valoraba. La magnitud de los daños alteró de forma inmediata la fisonomía del recinto ajardinado.
Durante meses, decenas de jardineros trabajaron en la recuperación de los parterres y lograron que nuevas flores brotaran con esplendor, lo que despertó elogios públicos por la labor de restauración. A pesar de la recuperación material, el monarca mostró un cambio emocional marcado: aunque siguió atendiendo por las mañanas los asuntos del reino, dejó de ocuparse de los capullos como antes.
En lugar de permanecer entre las plantas recuperadas, pasaba las tardes junto al río que había causado la destrucción, observando la corriente durante horas. Ese comportamiento evidenció un deterioro en su ánimo; desde entonces, el rey dejó de sonreír.
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Fuente: contactonoticias.com.mx
