La histórica fábrica de caramelos La Elisa, ubicada en Hellín (Albacete), ha logrado evitar su cierre tras entrar en un proceso de liquidación en julio de 2026. Tres empresarios han decidido revitalizar la icónica marca, asegurando que se conservará su legado y producción. Esto no solo implica la continuidad de un dulce muy apreciado, sino también la preservación de empleos y la cultura gastronómica local.
La Elisa, que data de 1850, ha sido un referente en la producción de caramelos, incluso llegando a proveer a la Casa Real en 1905. Esta empresa familiar ha competido con otras fábricas, como La Pájara, y ha perdurado durante más de un siglo, generando una conexión emocional con generaciones de consumidores a través de sus productos.
La liquidación de la fábrica había dejado su maquinaria y existencias valoradas en 89,158 euros, con créditos y posibles indemnizaciones que sumaban 51,501 euros. A pesar de la incertidumbre, se mantuvo parte de la plantilla paralelamente a la búsqueda de un comprador. Entre el inicio de la liquidación y el rescate, transcurrieron 69 días de tensión.
Los nuevos propietarios, bajo el nombre de Sweet Nougat, han adquirido tanto la marca como su producción, a diferencia de otras ofertas que solo buscaban la maquinaria. Uno de los empresarios, Mariano Carreres, ha expresado su compromiso de no solo mantener la producción local sino también de implementar un amable retorno a lo tradicional.
En su apogeo, un caramelo de yema producido por La Elisa llegó incluso al Congreso, donde se convirtió en un símbolo durante los debates parlamentarios. A pesar de su contenido alto en azúcares, La Elisa hoy también presenta un catálogo diversificado que incluye opciones sin azúcar y productos como caramelos de café, eucalipto y sésamo.
Desde su adquisición, La Elisa busca recuperarse de los efectos de la parálisis y reactivar la producción, con el objetivo de mantener vivo un legado que ha estado presente en los recuerdos de muchos. La fábrica se encuentra en una posición desafiante, pero con el compromiso de sus nuevos propietarios, podría continuar su historia en la Avenida Libertad 121, manteniendo la esencia de un dulce querido por generaciones.
