IBM, una de las compañías más emblemáticas de la industria tecnológica, ha atravesado un momento crítico. En julio de 2026, la empresa experimentó una caída del 25,21% en su valor en bolsa, la más significativa desde 1968. Este desplome se produjo tras la revelación de resultados financieros del segundo trimestre que generaron preocupaciones sobre el desempeño de la compañía en un año que ya mostraba una caída del 30% en su cotización. Aunque los ingresos de 2025 crecieron un 7,6%, el contexto actual sugiere que IBM aún lucha por recuperar su histórica posición en el mercado.
Durante los años 80, IBM alcanzó su máxima influencia con un valor bursátil ajustado a la inflación de 270,000 millones de dólares y unos beneficios cercanos a 150,000 millones. En aquel tiempo, la compañía lideraba el sector tecnológico y competía únicamente con AT&T, que se desmanteló en 1984, dejando a IBM en una posición dominante. Sin embargo, su futuro se complica al recordar decisiones clave que contribuyeron a su declive.
Uno de los principales errores de IBM fue subestimar la importancia del software. En 1980, la compañía optó por asociarse con Microsoft, que en aquel entonces no había desarrollado un sistema operativo propio. Este acuerdo permitió que Microsoft adquiriera los derechos de MS-DOS, transformándose rápidamente en líder del mercado de sistemas operativos. Mientras IBM se centraba en el hardware, Microsoft dominó el software, y a mediados de los años 90, su valor superó al de IBM, marcando un cambio significativo en el panorama tecnológico.
A lo largo de los años, IBM no logró adaptarse a la evolución de la industria. La decisión de utilizar componentes genéricos para sus ordenadores permitió la aparición de competidores que replicaron sus productos. En 2005, IBM vendió su división de PCs a Lenovo, reflejando la pérdida de su posición en el mercado. Asimismo, no se posicionó de manera efectiva en áreas como las búsquedas en línea, la computación en la nube y la inteligencia artificial, donde la empresa hizo promesas con Watson, pero no logró cumplirlas adecuadamente, dando margen a otros competidores.
A pesar de estos tropiezos, IBM sigue siendo un actor relevante en el sector tecnológico, especialmente en el ámbito de la computación cuántica y el software empresarial, tras adquirir Red Hat en 2019. La compañía tiene el potencial de restablecer su impacto, aunque muchos usuarios jóvenes pueden verlo como un nombre del pasado más que como un innovador en el presente. Su historia es un recordatorio del riesgo de perder relevancia en un mundo tecnológico en constante cambio.
