La llegada de la inteligencia artificial (IA) está generando un cambio significativo en el mercado laboral, un fenómeno que recuerda a la transformación que vivieron los contables en los años 80 con la introducción de las hojas de cálculo. Según un informe de McKinsey, se estima que hasta 2035, la automatización impulsada por la IA podría eliminar la necesidad de aproximadamente 36 millones de empleos en Estados Unidos, impactando de manera profunda la vida laboral, la seguridad económica y las dinámicas profesionales.
Este estudio revela que de esos 36 millones de puestos, unos 25 millones podrían adaptarse dentro de sus respectivas profesiones. Esto implica que aunque las funciones que se desempeñan cambiarán, los trabajadores permanecerán en sus roles, aunque 11 millones necesitarían reentrenamiento para adaptarse a nuevas ocupaciones. McKinsey señala que el verdadero reto no será la pérdida de empleo, sino la movilidad laboral y la capacidad de los trabajadores para actualizar sus habilidades.
Además, el impacto de la IA podría desplazar hasta 92 millones de empleos a nivel global, según el Foro Económico Mundial. Este cambio no necesariamente resulta en una destrucción de empleo, sino que se enfoca en la adaptación de roles y tareas. A medida que la IA se encargue de las funciones más repetitivas, quedará en manos humanas la supervisión, el criterio y el trato al cliente. Además, en economía se conoce como efecto Jevons que cuando una tarea se realiza de forma más eficiente, la demanda de esa tarea tiende a aumentar.
El sector del desarrollo de software ilustra estos cambios, ya que tras una caída significativa, las ofertas de trabajo para programadores han aumentado casi un 15% en plataformas como Indeed, a pesar de que el total de empleo ha disminuido en un 7%. Este aumento se enfoca principalmente en puestos avanzados, mientras que los empleos de nivel inicial son los más perjudicados, ya que la IA asume las tareas más básicas que antes eran fundamentales para el aprendizaje en el campo.
La transición hacia nuevas posiciones no es homogénea y McKinsey clasifica las trayectorias de cambio de empleo en tres categorías: directa, indirecta y sin pavimentar. La vía directa permite una transición casi sin formación adicional; la indirecta exige una reeducación para un nuevo rol que puede implicar una reducción salarial; mientras que la ruta sin pavimentar presenta barreras significativas, como la necesidad de certificados específicos. Se estima que solo uno de cada siete empleados tendrá acceso a una transición directa, mientras que la mayoría enfrentará rutas más complicadas.
Los trabajadores con salarios más bajos son los que más riesgo enfrentan, siendo más propensos a necesitar cambiar de oficio. Más del 75% de quienes estarían en esta situación provienen de sectores como administración, comercio y transporte, que en su mayoría son de bajo ingreso. Solo un 10% de los que están en esta categoría salarial más baja encontrarán una ruta directa hacia nuevos empleos, en contraste con el 40% del segmento de mayores ingresos.
En el contexto de España, se estima que entre 1,7 y 2,3 millones de empleos podrían verse afectados hasta 2035, con la creación de aproximadamente 1,61 millones de nuevos puestos que exigirán mayor cualificación. La viabilidad de este balance de empleo dependerá de la rapidez con que empresas y empleados se adapten a las nuevas demandas del mercado laboral y las oportunidades de formación.
