Un nuevo estudio en arqueología está comenzando a transformar la percepción histórica sobre las dinámicas de género en las sociedades prehistóricas. A través del análisis de ADN y otros datos genéticos, los investigadores descubren que las mujeres no solo eran responsables del hogar, sino que también desempeñaron roles activos como cazadoras, lo que desafía narrativas androcéntricas predominantes hasta ahora.
En un importante hallazgo en el sur de los Andes peruanos, se identificó a una mujer de hace 9,000 años cuyo entierro incluía herramientas de caza, evidenciando su participación en actividades tradicionalmente atribuidas a hombres. Esta prueba se suma a otros casos en los que se ha destacado que las mujeres cazadoras eran más comunes de lo que se creía, con 11 de 27 individuos enterrados con armas confirmadas como mujeres.
En Europa, el análisis genómico ha llevado a revisar interpretaciones en sitios arqueológicos célebres, como el de Birka, Suecia, donde se encontró un cuerpo con equipamiento militar que se asumía era de un hombre, pero cuya genética reveló el sexo femenino. Esto sugiere que las mujeres también podían ser enterradas junto a objetos que indicaban una posición de autoridad.
Además, la investigación sobre las élites celtas de la Edad del Hierro en Europa central sostiene que las estructuras de poder eran más complejas y no exclusivas de los hombres. La evidencia sugiere que algunas mujeres formaron parte de linajes dominantes y jugaron roles importantes en la continuidad del poder a través de la sucesión.
Otro hallazgo en el asentamiento neolítico de Çatalhöyük indica prácticas centradas en linajes femeninos, con datos que muestran que las hijas permanecían en el hogar en el 70% al 100% de los casos, sugiriendo una estructura familiar que favorecía la herencia materna. Estos descubrimientos abren nuevas vías de entendimiento sobre la historia social y cultural de las comunidades prehistóricas, mostrando una diversidad mucho mayor de roles y estatus entre sus miembros.
