En un giro inesperado en el ámbito laboral, la demanda de filósofos en el sector tecnológico ha aumentado significativamente, impulsada por el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Empresas como Anthropic y Google DeepMind han comenzado a incorporar a estos profesionales para definir el comportamiento y los valores de sus modelos de IA, un papel que antes no se imaginaba en este campo. Según datos de 2023, la tasa de desempleo entre graduados en Filosofía era 20 veces mayor que en Ingeniería electrónica, pero ahora sus salarios están a la par de ingenieros senior.
El auge de la IA ha llevado a que estas empresas reconozcan que, más allá del desarrollo técnico, es esencial entender cómo la IA debe interactuar éticamente con los usuarios. Esto ha abierto nuevas oportunidades laborales para los filósofos, quienes han sido entrenados durante siglos en cuestiones éticas y morales. Un informe de The Atlantic destacó que en 2025 cerca del 16% de las ofertas en el portal PhilJobs mencionaban la IA, un aumento considerable desde el 1% en 2013, y muchas de estas posiciones eran para candidatos junior, mostrando la necesidad de talento fresco en el sector.
Dentro de este contexto, Amanda Askell, filósofa en Anthropic, ha creado una “constitución” que guía el desarrollo ético del modelo Claude, utilizada específicamente durante su entrenamiento. Askell ha comparado su enfoque con el trato a un niño inteligente, resaltando la importancia de la honestidad en la interacción con la IA. Por su parte, Google DeepMind también ha contratado a Henry Shevlin, un filósofo de la Universidad de Cambridge, para abordar temas relacionados con la conciencia artificial y las relaciones humano-IA.
OpenAI, aunque menos transparente, ha señalado que filósofos han contribuido a sus consultas sobre la ética de la tecnología. Además, la Asociación Filosófica Americana ha comenzado a otorgar premios para investigaciones sobre IA, destacando el interés académico en este cruce de disciplinas.
Sin embargo, este crecimiento plantea desafíos. Algunos filósofos, como Daniel Fogal de la Universidad de Nueva York, advierten sobre un fenómeno distorsionador en el que profesionales de la filosofía se sienten obligados a alinearse con las tendencias del mercado laboral en lugar de dedicarse a su verdadero interés. La filosofía, que requiere tiempo y reflexión, podría verse comprometida por el ritmo acelerado de la industria de la IA, lo que plantea interrogantes sobre la calidad del trabajo producido.
La inclusión de filósofos en el sector tecnológico resalta la creciente complejidad de la interacción entre humanos y máquinas, indicando que su perspectiva crítica y ética podría ser clave en la evolución de la inteligencia artificial.
