Cada julio, miles de adolescentes en España se enfrentan a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), un examen que tradicionalmente abría las puertas del futuro académico. Sin embargo, en los últimos años, la percepción sobre el valor de la formación profesional (FP) ha cambiado drásticamente. Un informe de la OCDE revela que el 39% de los estudiantes que inician la educación superior lo hacen a través de ciclos de FP de grado superior, mientras que solo el 47% opta por la universidad, cifras que contrastan con la media europea, donde un 78% elige la vía universitaria.
Este cambio de mentalidad subraya la creciente aceptación de la FP como una opción viable y atractiva. Según datos del Ministerio de Educación, la matrícula en FP ha crecido un 23,5% en los últimos cinco años, con un aumento del 29,8% en los grados superiores. Este fenómeno se refleja en el ámbito laboral, donde el 47% de las ofertas de empleo en España requieren un título de FP, compitiendo así con la exigencia de formar universitarios.
Expertos como Marisa Bermejo, directora de Sanitas Campus FP en Madrid, destacan que la FP permite a los jóvenes adquirir competencias técnicas desde una edad temprana, facilitando su transición al mercado laboral. Con una tasa de empleabilidad del 73%, que alcanza el 90% en ciertos sectores, la FP se posiciona como un camino directo hacia el empleo.
Los sectores que más demandan profesionales técnicos incluyen Administración y Gestión, Sanidad, Comercio y Marketing, con un notable crecimiento en las áreas de Informática y Comunicaciones, donde más del 54% de los graduados de Grado Superior logra empleo en menos de dos años tras finalizar sus estudios. Esta evolución en las preferencias educativas no solo indica una adaptación al mercado laboral, sino también un reconocimiento de que existen múltiples trayectorias para alcanzar una profesión.
